Antes que una mujer…

elecciones-usaHoy tenía pensado que nos lo pasáramos bien en la sección ¿Qué ves? ¿Qué imaginas? Había ideado una entrada que os iba a sorprender, pero el destino, tan suyo él, no me ha dejado. Tenía otros planes, así que la dejaremos para otra ocasión más propicia porque hoy Donald Trump ha ganado las elecciones presidenciales de Estados Unidos y será el próximo inquilino de la Casa Blanca.

Lo de Trump ganando ya me lo olía anoche cuando me fui a la cama. Y no porque sea una gurú de la política o porque tenga poderes adivinatorios. No. Es por culpa de mi televisor. Me explico. Cuando sucedió el ataque a Nueva York en 2001, la noche anterior, mi tele se quedó sin señal y no pude ver nada al respecto. Ayer, como en aquella ocasión, mi aparato se volvió a quedar en negro. Un mal augurio. Ya son dos veces y empiezo a pensar que hay un patrón.

El caso es que, al margen de los poderes adivinatorios de mi televisor, todos sabéis que no suelo meterme en asuntos políticos, pero no he podido evitar escribir algo al respecto. ¿Cómo no hacerlo? Aunque no esperéis aquí un profundo estudio sobre el fallo de las encuestas y el auge del populismo o el desencanto de la sociedad con el sistema. No. No voy a hablaros de eso. El voto vergonzante que no se dice o la frustración de las clases medias se lo dejo a otros porque yo os voy a hablar del sexo de los candidatos.

Mi opinión sobre este factor, el sexo, puede que a muchos os parezca simplista, sin embargo creo, mal que me pese, que es un elemento a tener muy en cuenta pues estoy convencida de que ha hecho que la balanza se inclinara a favor de Trump. Y no debería ser algo que sorprendiera. Solo hay que fijarse en el día a día de muchas mujeres. Sus obligaciones y derechos; sus sueldos y empleos; su tratamiento en la publicidad o en el cine, etc.

trump
Fuente: Página oficial de Donald Trump

Hoy, un hombre retrogrado donde los haya, machista, misógino y que trata a las mujeres como simple mercancía, ha ganado. Hoy un hombre casado con una modelo acusada de plagiar discursos a Michelle Obama y a la que muchos califican de simple dama florero, ha ganado. Y una mujer que fue Secretaria de Estado, con todo el poder que eso conlleva, ha perdido.

Cuando Hillary Clinton se presentó para ser candidata demócrata frente a Obama, perdió y en aquel momento se dijo que la sociedad norteamericana no estaba aún preparada para tener a una mujer en la Casa Blanca. Antes que una mujer, un negro. Y no malinterpretéis la palabra que la utilizo con el mayor de los respetos. La uso aquí porque todos somos conocedores de la controversia que se vive en ese país sobre los derechos de unos y otros.

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Fuente: Página oficial de Hillary Clinton

Bien. Han pasado ocho años desde aquello y qué tenemos. Lo mismo. El sexo del candidato importa y la sociedad sigue sin estar preparada para que una mujer les diga lo que deben y no deben hacer. Prefieren a un machista fanfarrón, eso sí muy muy rico, que a una mujer.

Vale. Ella no es ninguna santa, pero, por favor, ¿Trump?

Y lo triste de todo esto es que Hillary fue humillada como mujer por su marido; fue humillada como mujer por la sociedad norteamericana hace ocho años porque no querían a una señora en la Casa Blanca y hoy, de nuevo, le ha vuelto a pasar. Humillada por un electorado que prefiere a un payaso antes que a una tía con falda. Una sociedad de locos en la que un hombretón rico que se dedica a vanagloriarse de su fortuna y humilla, somete y aplasta a las mujeres es el rey.

¿Qué decir? Poco o mucho. El caso es que los Estados Unidos han hablado y han decidido que antes que a una mujer, prefieren a un payaso.


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