‘El fervor’, una grieta que sigue abierta

Título: El fervor
Autora: Alma Katsu
Nocturna Ediciones (2025)

Páginas: 368

El fervor, de Alma Katsu, llegó a mí con la etiqueta de terror, pero enseguida te das cuenta de que va por otro lado. La novela se adentra en los campos de concentración en los que Estados Unidos encerró a miles de ciudadanos niponamericanos durante la Segunda Guerra Mundial. Un episodio que suele aparecer de pasada en los libros de historia y que aquí se convierte en el eje de una narración incómoda, íntima y cargada de sombras.

Mientras la leía, pensé bastantes veces en The Terror: Infamy (AMC, 2019), la segunda temporada de la serie creada por Alexander Woo y Max Borenstein. En ella, estos mismos campos también son el escenario principal, aunque la serie apuesta con más fuerza por el folklore y la presencia sobrenatural. El fervor, por su parte, elige un camino más sutil, pero quizá por ello más perturbador. Se asoma a algunos mitos y leyendas japonesas, si bien nunca se apoya del todo en ellos. Prefiere hablar del aislamiento, el temor al otro y la facilidad con la que nos ponemos la careta de verdugo cuando el miedo aprieta y también, claro está, la ignorancia.

La novela trabaja muy bien la culpa y la vergüenza como emoción individual y también como corriente conjunta. Una corriente que se instala con facilidad en el grupo entero, sean prisioneros o verdugos, y acaba marcando sus acciones. Esa es, quizá, su parte más inquietante. Como cualquiera de nosotros puede convertirse en juez o verdugo cuando el miedo es quien le susurra.

Me ha gustado también su ritmo. No busca el sobresalto continuo ni depende de él. Escrita con cuidado, sin excesos, es más bien una lectura tranquila que deja que la historia respire. Tal vez por eso descoloca que se venda como una novela de terror al uso. Para mí tiene otro peso, otro fondo. Es un libro sobre una herida histórica que nunca terminó de cerrarse y sobre las formas, a veces invisibles, en las que ese dolor vuelve.

Me ha sorprendido y me ha gustado. Además, ante algunos discursos políticos y sociales actuales que tienden a convertir siempre en amenaza y culpable al otro, es imposible no ver ciertos paralelismos en sus páginas. Creo, por eso, que El fervor no se debe leer como una historia ambientada en un pasado oscuro y lejano porque apunta a un presente que se repite más de lo que nos gusta admitir, y a un futuro que, quizá, no esté tan lejos si seguimos mirando hacia otro lado.

Sinopsis: A medida que avanza la Segunda Guerra Mundial, la amenaza ha llegado al frente interno. En un rincón remoto de Idaho, Meiko Briggs y su hija Aiko ansían regresar a casa. Después de que el marido de Meiko se alistara en las Fuerzas Aéreas del Pacífico, a ambas las enviaron a un campo de prisioneros en el oeste. Daba igual que Aiko hubiera nacido en Estados Unidos: eran japonesas y, por tanto, una amenaza.

Madre e hija intentan sobrellevar su nueva vida cuando una misteriosa enfermedad se extiende por el campo. Lo que empieza como un resfriado menor enseguida da paso a arrebatos imprevisibles de violencia y agresividad, e incluso a la muerte. Y cuando llega un extraño equipo de médicos, casi más amenazador que los contagios, Meiko se une a una periodista para investigar los sucesos. Pronto le queda claro que está ocurriendo algo aún más perturbador de lo que creía, algo que a ella le recuerda a las historias que le contaban de pequeña sobre un siniestro demonio del folclore japonés capaz de adoptar forma humana…

Entrelazando el contexto histórico con las misteriosas figuras de los espectros japoneses, El fervor profundiza en los peligros de la demonización y da una vuelta de tuerca sobrenatural a los horrores de los campos de detención en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.


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