Esa fotografía que…

Muchas veces he comentado que hay que mantener siempre los ojos muy abiertos cuando uno camina por ahí porque, a veces, de repente, encuentras o ves algo que te hace pestañear. Volver. Algo que llama tu atención y te obliga a pararte para contemplarlo mejor. Estoy convencida de que esto no es algo que me ocurre solo a mí, ¿verdad?

Pues el otro día, cuando regresaba a casa tras hacer unos recados, encontré ese algo que me hizo detenerme. Un algo, además, muy curioso que, temo, solo pueda resolver a través de mi imaginación. Ahí lo tenéis.

Seguro que a vosotros también os crea curiosidad este hallazgo y más lo hará, veréis, cuando os cuente dónde lo he descubierto. Esa fotografía antigua estaba pegada con un trozo de cinta aislante en el buzón metálico de un Banco. Una imagen que ya tiene unos años. Si la observamos más al detalle, vemos que está hecha en la costa, en un paseo marítimito. Sigue leyendo «Esa fotografía que…»

Los besos que no se dan

Beso, ósculo, pico, besuqueo, baboseo, toque, roce, contacto, caricia, mimo…

Hay muchas formas de llamar a un beso y cuantiosos tipos de ellos. Tantos como sentimientos puedan esconderse en un gesto tan pequeño y a la vez tan poderoso. Un acto henchido de tanta sinceridad que en ocasiones abruma. Besos de amor y cariño. También de compromiso y obligación. Besos de pasión y deseo, de los que se comen la boca, el sentimiento y el desánimo. Ardientes y sabrosos. O roces castos y cándidos, inocentes. Besos robados y escondidos que se dan bien con la ingenuidad de los primeros amores o con la astucia de los que tienen que permanecer en secreto, furtivos. Besos primerizos, de novato, y besos expertos no aptos para recatados. Besos de afecto entregado, de amor infinito, de ese que, dicen, mueve el mundo y eleva al hombre. Besos, en definitiva, sean como sean, que nos hacen libres porque no hay mayor libertad que dar un beso.

Cada una de esas caricias dice mucho de quien la da y de quien la recibe. Apunta un «te quiero», «hasta siempre», «hasta luego», «ten cuidado», «no tardes», «te echo de menos»… Y mil y un sentimientos más. También pueden no mostrar nada, aunque ese nada ya expresa mucho.

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‘¿Cuánta tierra necesita un hombre?’ (L. Tolstói)

Título: ¿Cuánta tierra necesita un hombre?
Autor: L. Tolstói
Ilustradora: Elena Odriozola
Nórdica (2011)

¿Cuánta tierra necesita un hombre? es un relato del gran Tolstói escrito en 1886. Se trata de una parábola muy interesante sobre la ambición del ser humano.

Pajom es un campesino al que ninguna extensión de tierra satisface. Cuanta más tiene, más necesita. Al conocer que los habitantes de una lejana región, los bashkirios, le ofrecen tanta tierra como pueda recorrer en un día, no lo duda e intenta abarcar la mayor cantidad posible…

Se trata de un relato clásico muchas veces editado por el que el paso de los años y de distintas generaciones de lectores no pesa. Es un texto con más de 130 años que se mantiene joven y actual. Una narración pensada, en principio, para un público infantil y juvenil, pero que es ideal para cualquier tipo de leedor, tenga la edad que tenga.

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Poemas en las tapias

«Eras y eres mi hogar».

Hoy os enseño esas otras cosas que uno encuentra en las tapias de los cementerios. Un poema entre ramas que pasa desapercibido si uno no vuelve la mirada. Está en la tapia exterior del cementerio de Ceares, en Gijón. Es un poema, la verdad, muy bonito sobre le amor, pero también sobre la pérdida.

En próximas entradas, si os apetece, haré un recopilatorio de esas otras cosas que uno se encuentra, si sabe mirar bien, en muros, casas, piedras, etc. Tengo unas cuantas  recopiladas y me apetece compartirlas con vosotros.  Invitados quedáis. Estad atentos.