‘El aleteo’

EL ALETEO

Dicen que el otoño es gris, apagado y triste, pero siempre he creído que eso lo piensan y sienten aquellos que no saben leer las hojas que caen, como mariposas, de los árboles.

Copyright © 2022 Verónica García-Peña

Feliz día de las bibliotecas 2022

Desde el año 1997, cada 24 de octubre se celebra en varios países el Día Internacional de las Bibliotecas. Día en el que se quiere reivindicar la importancia de estos centros para la historia de la humanidad, ya que son un cofre de nuestra cultura.

Se celebra debido a que en 1992 la Biblioteca Nacional de Sarajevo quedó en ruinas por la guerra de los Balcanes. Este memoricidio (palabra que se utiliza para describir la destrucción cultural de un pueblo) causó una gran impresión en todo el mundo, sobre todo cuando el músico Vedran Smailovic tocó su violonchelo entre los escombros de la biblioteca. La destrucción de la cultura y también de un edifico muy importante, bellísismo, que simbolizaba la historia, avance y crecimiento de un pueblo.

Este es el cartel que ha diseñado Xulia Vicente para celebrar el Día de las Bibliotecas de este año. ¿Os gusta?

¡Feliz día de las bibliotecas!

Versos ásperos IV

Hoy retomo esta minisección sobre los versos que aparecen por la ciudad de Gijón en diferentes lugares y que yo he llamado versos ásperos, pues en ellos siempre encuentro cierta amargura; cierto resquemor por el hoy y el mañana. También nostalgia del ayer. Es lo que, quien los coloca, parece decirnos. Su forma de entender el mundo.

Cuando comencé a verlos, en el año 2020, eran opiniones sobre la situación pandémica, el confinamiento, algunas actuaciones políticas relacionadas con el ocio y la hostelería, etc., pero, poco a poco, se han tornado cada vez más religiosos o con componentes tales. Quien elabora estos poemas ya no esconde sus creencias (que en sus primeros poemas ya se intuían) y en ente caso concreto, incluso opina sobre el actual Papa.

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‘Mundo eléctrico’

MUNDO ELÉCTRICO

Apretó con fuerza el cuello, retorciendo entre sus dedos los cables que daban vida a ese androide al que nunca amó, pero con el que siempre soñó. Presionó hasta que lo apagó y sus chipas se esfumaron.

Después, se sentó en el diván, a su lado, y lo miró con pena. ¿Qué iba a ser de él ahora? ¿Cuál sería su motivo para seguir adelante? Entonces puso las manos en su propio cuello y tiró de los cables. Él también debía apagarse.

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