Mi manual de ortografía

Este libro es un tesoro. Me acompaña desde hace muchos años, muchos, y me ayuda a solventar dudas. Tiene algunos apartados que se han quedado obsoletos, las normas han cambiado, pero, de forma general, está a la moda. Es sencillo, fácil de entender y de usar.

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La memoria de lo no vivido

Ahora que se acerca el final de año, tendemos a hacer balance de todo lo bueno y malo que nos ha pasado; de lo vivido y lo perdido. También, cómo no, está en nuestra naturaleza, de todo lo que pudo haber sido y no fue. De esos trenes que no cogimos y de esas habitaciones de hotel a las que decidimos no ir. Esa mirada que se perdió entre la muchedumbre o aquel roce que dejamos pasar.

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Leer y escribir cuentos

Los cuentos me apasionan. Da igual el tipo, aunque reconozco que me gustan más los llamados extraños o inquietantes. También me gusta escribirlos. Disfruto muchísimo con ellos. Crear de un modo distinto. El reto de condensar, afinar la escritura, soñar diferente que en una novela de las que acostumbro a escribir. Es fascinante.

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‘Insurrección autómata’

INSURRECCIÓN AUTÓMATA

Llevo un rato tarareando una famosa canción de Alaska en la que los electrodomésticos se rebelan y leen a Marx porque eso es, precisamente, lo que ha pasado hoy en mi casa.

Tengo a la tostadora y a la sandwichera con pancartas y gritando proclamas sindicalistas mientras pasean de un lado a otro de la encimera exigiendo un horario que les permita conciliar mejor su vida familiar y profesional. La panificadora les apoya.

La lavadora, el horno y el lavavajillas, junto a la vitrocerámica, están de asamblea. Discuten si secundan la huelga que ha iniciado el microondas porque en casa, al pobre, nadie lo usa y cree que es víctima de ‘mobbing’.

La nevera, por su parte, no me deja abrirla. Se niega a ser utilizada como un simple objeto cosificado. «Tengo sentimientos», me grita irritada.

Así, estoy en la calle. He decido que un paseo es mi mejor opción porque al salir de la cocina, he oído jaleo en el salón. Creo que el televisor es el cabecilla y junto con la aspiradora y otros objetos autómatas de mi hogar, se han vuelto humanos.

Copyright © 2021 Verónica García-Peña

El club de las palabras perdidas: gabán y topetar

Retomamos hoy el Club de las palabras perdidas para rescatar un par de vocablos olvidados en la sempiterna oscuridad del diccionario. Una de ellas es, desde luego, ya lo veréis, muy curiosa y la ha hecho llegar al portal la escritora Ana lena Rivera, autora de la serie de novelas negras protagonizadas por Gracia San Sebastián.

Las palabras que vamos a reivindicar son: gabán y topetar. Sigue leyendo «El club de las palabras perdidas: gabán y topetar»

Versos ásperos III (Gijón)

Estos versos que aparecen por la ciudad (Gijón), en diferentes lugares y barrios, aquí y allí, me tienen intrigada, pero también fascinada porque, a través de ellos, quien los coloca nos dice muchas cosas de su forma de entender el mundo.

Al principio, solo eran opiniones sobre la situación vírica, sobre el confinamiento en general, pero, poco a poco, ha ido exponiendo y exponiéndose. El primero lo vi el 9 de julio de 2020; el segundo y tercero los encontré en febrero de este año; y el último, ayer mismo.

El primero era una reflexión amarga recogida en octosílabos, una redondilla con rima abrazada; los otros, cuartetas imperfectas, y el que hoy os enseño es, también, una cuarteta imperfecta. Dice:

Quieren poner la eutanasia
Facilitar que uno muera
Pero te guardan en casa
Mascarilla y bares fuera
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Versos ásperos II (Gijón)

El 9 de julio del año pasado fue la primera vez que vi esta especie de versos ásperos por la ciudad. Fue en la calle Marqués de San Esteban de Gijón (Asturias), en un banco que tenía una pegatina escrita a máquina de escribir. Decía: «Cómo descansa la tierra/ Sin esa funesta plaga/ Que suelta todo lo estraga/ Y en casa un virus encierra»

Un poema de tipo redondilla o cuartilla, con rima abrazada (abba) que me recordó a Lope de Vega. Una reflexión amarga recogida en octosílabos sobre nuestro paso por este planeta, y hace unos días, de nuevo, me volví a encontrar con dos mensajes similares. En esta caso estaban pegados a una farola en la calle El Comercio, también en Gijón.

Se encierra cada político

Que son la auténtica plaga

Y en su casa le dé al pico

Mientras come y mientras caga Sigue leyendo «Versos ásperos II (Gijón)»

Libros que contienen libros

Meter libros dentro de otros libros. Empecé a hacerlo por necesidades de la trama en mi novela El ladrón de sueños y debo reconocer que me gustó. En esta obra, un detective de provincias nos cuenta su historia en la que aparece un escritor que, con su pluma y sus libros, ha logrado transformar la vida de otros. Ese peculiar escritor, de nombre Luis Mateo Griezman, coló cuatro libros en mi novela. Bueno, sería más justo decir que yo le obligué a escribirlos y a colarlos, y también le obligué, claro está, a titularlos, algo que a mí me cuesta mucho y que sin embargo a él no. Esos títulos son El juego de espejos, Silencio en la oscuridad, Corazones negros y A ti, mi querida soledad. Todos ellos tienen características comunes que no puedo desvelar y, de un modo que no sé muy bien cómo explicar, están construidos al completo en mi cabeza, como si los hubiera leído, aunque en la novela solo salgan fragmentos, resúmenes, esbozos, sus notas de autor o los títulos.

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Figuras literarias II

Hoy vamos a añadir dos nuevas figuras literarias a nuestra lista. En la primera entrega de esta sección os expliqué la metáfora, el hipérbaton y la onomatopeya, y en esta ocasión hablaremos de la hipérbole y el pleonasmo. Son figuras retóricas muy curiosas que os gustarán y que son más utilizadas de lo que parece, aunque debo deciros que tal vez sea por casualidad, sobre todo el pleonasmo.

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¿Dónde os gustaría perderos?

¿Dónde os gustaría perderos?

Tengo muchos lugares en mente, de todo tipo. Reales e imaginarios porque en los de ficción, de vez en cuando, también está bien perderse. Por ejemplo, últimamente pienso mucho en Shangri-La. ¿Qué tal se estaría allí ahora? O en Manderley. A la mansión viajaría para ser un fantasma que pudiera espiar los movimientos de todos los habitantes de la casa, hasta de aquellos que ya no están. Aunque a este lugar viajo por culpa de La isla de las musas, que me lleva mucho a lugares así.

¿Y reales? En la infancia. Pienso en grillos y campas; en higueras y avellanos; en ortigas y moras. En sol y lluvia y en el fuego bajo. En croquetas y en mi abuela. Sí. La infancia puede ser un lugar.

«¿Dónde os gustaría perderos? En la infancia. Sí. La infancia puede ser un lugar». #inspiración #reflexiones #escribir #Lavida #fotografía

En la fotografía, bajo la lluvia que todo lo vuelve más lúcido, estoy en las Minas de Llumeres, en Asturias, un yacimiento de hierro que pudo haber sido explotado en tiempos prerromanos.

Perderse, aquí o allí, es pura magia.