La estantería de los abandonos

En las baldas de mi despacho y en mi lector digital se acumulan cada vez más historias abandonadas.
¿Es culpa de mi paciencia o de la industria?

En las baldas de mi despacho, con cierta desidia, y en una carpeta llamada “no” de mi lector digital, se acumulan cada vez más libros. Son abandonos. Libros que no he sido capaz de terminar, bien por hartazgo o cansancio, o bien porque, sencillamente, la vida es demasiado corta para leer según qué cosas. Lo que me llama la atención —y la razón por la que escribo sobre ello aquí— es que, si echo cuentas, la proporción empieza a resultarme incómoda, ya que dejo uno de cada tres libros que caen en mis manos. ¿Cómo es posible?

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Leer: placer sin presión

La lectura es una actividad enriquecedora y maravillosa; sin embargo, desde hace ya un tiempo (al menos a mí así me lo parece), cada vez más personas se sienten abrumadas por tanta moda literaria que se debe seguir, retos de lectura y metas que, en ocasiones, resultan inasumibles para alguien cuya única ocupación en la vida no sea solo leer. Estas expectativas pueden transformar el placer de la lectura en una fuente de ansiedad y frustración.

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