La estantería de los abandonos
26/03/2026

En las baldas de mi despacho, con cierta desidia, y en una carpeta llamada “no” de mi lector digital, se acumulan cada vez más libros. Son abandonos. Libros que no he sido capaz de terminar, bien por hartazgo o cansancio, o bien porque, sencillamente, la vida es demasiado corta para leer según qué cosas. Lo que me llama la atención —y la razón por la que escribo sobre ello aquí— es que, si echo cuentas, la proporción empieza a resultarme incómoda, ya que dejo uno de cada tres libros que caen en mis manos. ¿Cómo es posible?
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