‘El cuento número trece’, una muñeca rusa literaria

Título: El cuento número trece
Autora: Diane Setterfield
DeBolsillo (2011)

Páginas: 480

¿Dónde está la verdad?
La historia más importante de su vida era la que nunca había escrito.

El cuento número trece, de Diane Setterfield, es una novela construida como una muñeca rusa. Encontramos dentro de cada figura otra que late y respira con la misma intensidad que la principal. Pertenece a esa clase de relatos que multiplican sus voces y nos obligan a participar en un curioso juego de ecos.

La novela parte de un planteamiento sencillo. Tenemos a una joven bibliófila que recibe el encargo de redactar la biografía de una célebre autora de éxito que jamás ha contado la verdad sobre sí misma. A partir de ahí, se abre un territorio de secretos, silencios heredados y obsesiones literarias que nos conducen a un singular laberinto del que, quizá, no queramos salir. No os diré más, ya que el encanto del libro reside en dejarse arrastrar por las múltiples capas que se van revelando poco a poco.

Uno de los mayores aciertos de Setterfield es su capacidad para trenzar historias dentro de historias mediante la técnica del relato marco. Una narración principal que sirve de contexto para introducir otras que se van tejiendo dentro de ella. Algunos ejemplos clásicos para que me entendáis mejor serían Las mil y una noches o Los cuentos de Canterbury. Setterfield, además, juega con la ambigüedad. ¿Qué es real? ¿Qué es ficción dentro de la ficción? Eso también es muy propio del relato marco donde, en ocasiones, lo contado parece más verdadero que la propia realidad.

Setterfield maneja esta técnica con maestría e ilumina la narración principal con relatos laterales. Esta construcción, en Érase una vez la taberna Swan, su siguiente libro, alcanza una perfección aún mayor.

El cuento número trece está lleno de guiños a la tradición literaria. Hay verdaderas conversaciones con la novela decimonónica inglesa, en especial con las hermanas Brontë. Jane Eyre es una presencia constante, una sombra inspiradora que acompaña tanto a los personajes como a la propia autora. Aprovecho, por cierto, para recomendar que la leáis porque es una de esas novelas que muchos creen conocer sin haberla leído, pero solo la lectura directa permite apreciar la audacia y modernidad de la obra, a pesar de un capítulo ‘Conclusión’ que nunca ha terminado de cuadrar conmigo.

Resulta también fascinante la manera en que Setterfield crea una atmósfera anacrónica. La historia transcurre en tiempos actuales, pero la sensación es la de estar sumergidos en una novela del XIX. Roza lo gótico sin serlo del todo, aunque se acerca al género en muchas ocasiones, especialmente en la construcción de atmósferas, paisajes y tensión.

Setterfield escribe con elegancia y ritmo, logrando una narración clara que, sin embargo, está llena de matices. Es un libro para quienes disfrutan de la buena literatura, las historias que hablan de libros y las bibliotecas que esconden fantasmas.

Personalmente, me ha gustado, aunque confieso que lo hizo más Érase una vez la taberna Swan. Quizá porque en esa obra la autora lleva al extremo el juego de historias engarzadas, demostrando hasta dónde puede llegar con esa técnica.

En definitiva, Setterfield consigue algo muy difícil. Logra que un relato contemporáneo se lea con el encanto de un clásico y que, al cerrarlo, tengamos la sensación de haber habitado una casa literaria llena de habitaciones por descubrir.

Sinopsis: Entre mentiras, recuerdos e imaginación se teje la vida de la señora Winter, una famosa novelista ya muy entrada en años que pide ayuda a Margaret, una mujer joven y amante de los libros, para contar por fin la historia de su misterioso pasado.

«Cuénteme la verdad», le pide Margaret, pero la verdad duele, y solo el día en que Vida Winter muera sabremos qué secretos encerraba El cuento número trece, una historia que nadie se había atrevido a escribir.

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2 respuestas a “‘El cuento número trece’, una muñeca rusa literaria

  1. Usted es una de las pocas «reseñistas» que hablan de un libro explicando todo y nada. Dice lo justo y qu el reso de la tarea sea del lector. Por eso busqué en Internet el libro reseñado y comenzado a disfrutar de él. La prosa de la autora es correcta, pero la historia es un poco «flaca». Ojalá más adelante caliente un poco más el sol. Gracias

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    1. Gracias por tu comentario.
      Me alegra que la reseña te animara a acercarte al libro; al fin y al cabo, ese es siempre mi propósito cuando reseño o hago una crítica de un libro. Quiero despertar la curiosidad y dejar que cada lector se forme después su propia opinión. La literatura se enriquece precisamente con esas miradas distintas.

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