‘La cabaña del tío Tom’, reflejo moral de una época

Reseña de ‘La cabaña del tío Tom’, de Harriet Beecher Stowe, una novela sobre la esclavitud, la fe y la injusticia que marcó la literatura estadounidense.

Título: La cabaña del tío Tom
Autora: Harriet Beecher Stowe
Cátedra (2007) Fecha original: 1852

Páginas: 688

A mediados del siglo XIX, las imprentas norteamericanas publicaron un texto que empezó como una modesta colaboración por entregas en el periódico The National Era un semanario que luchaba por la abolición de la esclavitud— y que, sin embargo, con el pasar de los días, se convirtió en un fenómeno editorial. Se trataba de La cabaña del tío Tom. Esta obra sacudió a una nación dividida entre los abolicionistas y los esclavistas, y logró, además, el hito histórico de convertirse en una de las novelas más vendidas del siglo XIX y, tras la Biblia, en el libro más difundido de la centuria. Detrás de esta hazaña estaba Harriet Beecher Stowe, una autora que demostró que, a veces, la palabra escrita puede ser más determinante que un encendido discurso político.

Para entender mejor el origen de esta novela es importante hablar de la familia de la autora, ya que Stowe no era una simple observadora del contexto histórico que le tocó vivir. Creció en Nueva Inglaterra junto a su familia, famosa por sus ideas religiosas y reformadoras. Su padre, el influyente predicador calvinista Lyman Beecher, y sus hermanos, crearon un entorno doméstico marcado por el rigor espiritual y un compromiso total con la justicia social. Sin bien la verdadera chispa prendió durante sus años en Cincinnati (Ohio), justo en la frontera con el estado esclavista de Kentucky. Allí conoció de primera mano los testimonios de fugitivos que escapaban por el Ferrocarril Subterráneo y se apoyó en la autobiografía del esclavo liberto Josiah Henson para dar forma a su tío Tom.

La indignación colectiva de su hogar ante la Ley de Esclavos Fugitivos de 1850 (que exigía que todos los esclavos fugitivos capturados debían ser devueltos a sus amos, y que las autoridades y ciudadanos de los estados libres tenían la obligación de cooperar en su detención) fue definitivo para que escribiera el libro. Ella misma, después, declaró que la narrativa le fue dictada por Dios, lo que refleja esa profunda fe que aparece en la historia, pues La cabaña del tío Tom es una obra muy espiritual y de una rectitud moral ciertamente profunda.

El corazón de esta novela nos sumerge en las realidades contrapuestas del dolor asumido frente a la resistencia fiera a través de dos hilos narrativos. Por un lado, seguimos los pasos del tío Tom, un esclavo cuya piedad son puestas a prueba al ser vendido y separado de su familia por el amo al que había servido fielmente, el señor Shelby. Se inicia así un doloroso viaje hacia el sur profundo de EE. UU. Por otro lado, la narración nos presenta la vertiginosa huida de Eliza, una joven madre que decide escapar con su hijo pequeño para evitar que se lo arrebaten. Un viaje en el que se verá obligada a enfrentar toda clase de peligros en busca de la libertad en territorio canadiense. Dos ideas del mundo, la libertad y la lucha.

El éxito del libro no le trajo a Harriet, no obstante, premios o elogios. Más bien al contrario, pues lo que tuvo fueron muchos problemas. Stowe se convirtió en el objetivo principal del odio del sur esclavista donde, en numerosos lugares, el libro fue prohibido. Recibió correspondencia amenazante —incluyendo un paquete anónimo que contenía la oreja cortada de un esclavo— y fue vilipendiada públicamente durante largo tiempo. Y es que el impacto cultural de la novela fue tan grande para la aristocracia sureña que provocó una reacción literaria defensiva sin igual. Me explico. Para eclipsar el éxito del libro y contrarrestar su mensaje, los escritores del sur publicaron decenas de novelas de propaganda a favor de la esclavitud. Esto se consideró un subgénero que hoy conocemos como «literatura anti-Tom». Las obras presentaban de manera idealizada la vida en las plantaciones con el fin de demostrar que los esclavos eran felices bajo la tutela de sus amos.

  • Harriet Beecher Stowe (Alanson Fisher, 1853)
  • Ilustración original de la portada de La cabaña del tío Tom (1852), mostrando la edición de Boston del Volumen I editada por John P. Jewett & Company.
  • Ilustración "Uncle Tom Hears of His Sale" (El tío Tom se entera de su venta), perteneciente a las ediciones ilustradas de La cabaña del tío Tom de finales del siglo XIX y principios del XX.

Con el paso de las décadas, el legado de la obra ha vivido una evolución compleja. De hecho, resulta curioso ver cómo el término ‘Tío Tom’ se transformó con el tiempo en un símbolo muy discutido entre la propia comunidad negra, pues para algunos era (y es) sinónimo de sumisión. Y es que, aunque la intención original de Stowe era ensalzar la dignidad y el martirio cristiano del protagonista, las posteriores adaptaciones teatrales decimonónicas de los llamados Tom Shows derivaron en espectáculos que exageraron los estereotipos raciales. Esto hizo que algunos lo vieran como el arquetipo del afroamericano sumiso, complaciente y excesivamente servil ante el hombre blanco. Una visión, pienso, más cercana al sentido moderno que a la idea original que la autora quería transmitir en el texto. No obstante, con independencia de las interpretaciones, La cabaña del Tío Tom posee un gran valor histórico, social y literario.

Eso sí, he de advertir a todo aquel que quiera acercarse a la obra, que debe tener paciencia, pues nos encontramos ante una novela de lectura calmada, que se toma su tiempo para construir las atmósferas y los dilemas éticos. Su narrativa se estructura sobre una gran carga moral, donde el retrato de la vida cotidiana del siglo XIX se mezcla con la denuncia de la hipocresía de la época y la falta de humanidad de muchos que rezaban en público pero que, en la oscuridad de su casa, se convertían en cosas bien distintas a un ‘buen cristiano’. Stowe utiliza el día a día de las plantaciones y los hogares del sur y del norte para diseccionar la monstruosidad de la esclavitud, entendiéndola como una crueldad física, pero también como una régimen que corrompe el alma humana y destruye la propia institución familiar.

Literariamente requiere, pues, de un lector dispuesto a comulgar con su tono en ocasiones sermonístico, ya que, a diferencia de la crudeza psicológica de otras novelas del siglo XIX, Stowe prefiere apelar al sentimiento puro y a la piedad cristiana. Esto no quiere decir que no se den en la historia escenas dramáticas y en verdad tristes; de esas que encogen el corazón. Inolvidables son el retrato de personajes inhumanos como el capataz Simon Legree o la trágica huida de Eliza, por ejemplo, sobre bloques de hielo por el río.

Además, el impacto de La cabaña del tío Tom cambió el rumbo de la historia. Dicen que cuando Abraham Lincoln conoció a la autora años más tarde, la saludó con una frase que hoy es célebre. Le dijo: «Así que usted es la pequeña mujer que escribió el libro que provocó esta gran guerra». Más allá de si este hecho fue cierto o es más una leyenda, así como los debates actuales sobre la clasificación del protagonista en cuanto a su forma de ser, Harriet Beecher Stowe dejó escrito un testimonio duro pero muy real de cómo la literatura puede convertirse en el espejo moral de una sociedad y en el detonante de su transformación.

Español: Cartel de cine de La cabaña del tío Tom, que muestra a Eliza cruzando el hielo. Litografía a color, 71 × 106 cm.
Cartel de cine de La cabaña del tío Tom, que muestra a Eliza cruzando el hielo (WJ Morgan & Co. Litografía)

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