El experimento de la página 57

A veces la literatura es un acto de magia o, mejor, un acto de caos ordenado. Normalmente, buscamos sentido a cada página, lógica a la trama, un porqué para cada personaje, etc. Hoy no. Hoy quiero dejar que el azar nos hable.

He jugado con la página en blanco y, en lugar de pelearme con ella, he hecho un pequeño experimento. He cogido cinco libros al azar de mi estantería, de diferentes estilos y épocas y los he abierto todos por la página 57. He copiado la primera frase que he encontrado en la página y luego las he unido (no necesariamente en el orden de lectura inicial) en un solo texto. ¿Qué habrá surgido? ¿Un microrrelato, un poema, prosa extraña o algo con sentido de verdad?

Las frases son:

  1. «—Míster Podgers, no tengo más remedio que insistir en que me dé usted una respuesta inmediata a una pregunta que voy a hacerle» (El fantasma de Canterville)
  2. «…llovieron piedras las nubes, corrieron sangre los ríos.» (La vida es sueño)
  3. «—¿No te das cuenta de lo discordante que es?» (Carmilla)
  4. «…Lo único que sé es que algo, como movido por un resorte, me impulsó ¡y salí disparado como un cohete!» (Alicia en el país de las maravillas)
  5. «…Me veía a mi misma entrando con naturalidad en el cuarto de la señora Van Hopper, algo retrasada para el bezique, y cuando me preguntase el motivo respondería disimulando un bostezo». (Rebeca)

Ahora juguemos con el azar y construyamos algo. Veamos el relato que nace del caos:

El día había empezado con un rugido que hizo temblar los cristales. Afuera, llovieron piedras las nubes, corrieron sangre los ríos. La realidad se había fracturado en mil pedazos. Me miré al espejo y vi una extraña lucidez en mis ojos.

Una voz en mi cabeza, con un tono elegante, casi aburrido, me susurró: «—¿No te das cuenta de lo discordante que es?». Claro que me daba cuenta. La vida era un absurdo perfecto. Me veía a mí misma entrando con naturalidad en el cuarto de la señora Van Hopper, algo retrasada para el bezique, y cuando me preguntase el motivo respondería disimulando un bostezo. ¿Qué representaba una triste mentira para un mundo que se caía a pedazos?

La rutina era un traje que ya no me servía porque, de pronto, lo único que sé es que algo, como movido por un resorte, me impulsó ¡y salí disparado como un cohete! Dejé atrás el té, las mentiras y el apocalipsis exterior. Solo había un rincón de la casa que siempre había ignorado y donde, quizá, encontraría las respuestas.

Me dirigí al salón, donde una figura me esperaba, recostada sobre un diván. Al verlo, mi corazón se sintió en casa, en ese hogar que solo existe dentro de las historias.

Míster Podgers, no tengo más remedio que insistir en que me dé usted una respuesta inmediata a una pregunta que voy a hacerle.

Y hasta aquí puedo escribir…

Ya veis qué texto más original porque si algo me ha enseñado este jardín a lo largo de los años es que la belleza puede nacer del desconcierto. Si lo pensáis, la vida misma no es más que momentos inconexos que, de alguna manera, encajan.

Ahora os toca a vosotros.


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