Retrato de un autorretrato

Este blog, ya lo sabéis, es un jardín repleto de hermosos rincones, algunos aún por explorar, donde no solo tiene cabida la literatura. De ahí que, a veces, comparta con vosotros otro tipo de cosas que me llaman la atención, son   originales, hermosas o, simplemente, creo que merecen un parterre en el jardín. Ideas, imaginación y creatividad que no tienen límite.

Así, hoy os enseño, no me he podido resistir, esta hermosa fotografía de un retrato nacido de la amistad virtual y el confinamiento. Retrato de un autorretrato. Mirad qué maravilla. Es obra de José Uriszar Leiva.

Es un dibujo basado en una fotografía que subí a las redes sociales en la que, a través de un autorretrato al más puro estilo de un cartel de cine negro, reflexionaba sobre el uso del pintalabios rojos en tiempos difíciles. Y es que,  en épocas complicadas, aumentan las ventas de este producto. Ocurrió en la Gran Depresión, en la Segunda Guerra Mundial, tras el 11S y el 11M y en la anterior crisis. A mí me regalaron uno, de los buenos además, y aunque nunca me pinto los labios, ese día lo cogí y me dije: ¿por qué no? Y ahí me tenéis, al más puro estilo cartel de una película de cine negro.

Una mitad sin dueño

«Sin el amor, por mucho que a veces este duela, no existiría la vida. Sería solo ceniza y oscuridad. Es el amor el que mueve el mundo, el que eleva al hombre y lo hace libre. Porque no hay nada más hermoso que amar y ser correspondido. Y el desamor, en el fondo, es una parte más. Una pieza más. Por mucho que hiera, es el motor de todo y de todos. Amores piadosos, locos, traicioneros, de una noche o de toda una vida. Amores, en definitiva, que nos hacen humanos.»

© La isla de las musas (2017). Amazon. España. Sigue leyendo «Una mitad sin dueño»

‘Love Is in the Air’

El amorEse sentimiento que, como asegura uno de los personajes de mi última novela, «mueve el mundo, eleva al hombre y lo hace libre. Porque no hay nada más hermoso que amar y ser correspondido».

Así se debían sentir los que han colocado este curioso candado en un puente de Gijón. Lugar que, no sé, a mí no me termina de gustar demasiado porque me parece un sitio un tanto feo para esto del amor. Un puente sobre la autovía, demasiado expuesto al sol, un tanto sucio… Pero, bueno, pensaremos aquello de que el amor es ciego y que, seguro, aunque no lo veamos, hay un motivo importante por el que ese candado deba estar en ese barrote concreto de ese puente en concreto.

Como ya he dicho otras veces en las que me he encontrado cosas curiosas por la calle, de esas que tienes que mirar dos veces porque algo has captado por el rabillo del ojo, son estas “pequeñeces” las que te sacan una sonrisa y te hacen creer en la belleza del mundo.

Alguno os preguntaréis, ¿y si se rompe el amor? Entonces, recurriendo de nuevo a otra de las ideas de mi personaje, creeremos que «el desamor, en el fondo, es una parte más. Una pieza más. Amores piadosos, locos, traicioneros, de una noche o de toda una vida. Amores, en definitiva, que nos hacen humanos».