Leer: placer sin presión

La lectura es una actividad enriquecedora y maravillosa; sin embargo, desde hace ya un tiempo (al menos a mí así me lo parece), cada vez más personas se sienten abrumadas por tanta moda literaria que se debe seguir, retos de lectura y metas que, en ocasiones, resultan inasumibles para alguien cuya única ocupación en la vida no sea solo leer. Estas expectativas pueden transformar el placer de la lectura en una fuente de ansiedad y frustración.

La lectura debería ser un refugio, un espacio para explorar, imaginar y aprender. ¿Por qué entonces debemos leer X libros al mes o al año? ¿Por qué ‘devorar’ todo lo que sale, que es una barbaridad? ¿Por qué leer una saga completa del tirón?

La lectura debería ser un refugio, un espacio para explorar, imaginar y aprender.

Al enfocarse principalmente en un número concreto de libros o en competir con otros lectores para ver quién lee más o más rápido (esto se hace), la lectura se convierte en una tarea. Se consume y engulle, pero no se lee y disfruta. No se saborea. La presión por cumplir con los desafíos y retos, además, puede hacer creer a quien no llega a superarlos que no es lo suficientemente bueno, lo que genera ansiedad y, a la larga, lleva a una ruptura literaria. ¿Esto qué significa? Que se pierden las ganas y la ilusión por descubrir nuevas historias.

Mi experiencia personal al tener que leer por trabajo (algunas veces libros sin ningún interés), me sirve para insistir en la importancia de fomentar una cultura de lectura donde se valore la calidad sobre la cantidad. Leer lo que realmente nos interesa y nos apetece, sin sentir la necesidad de encajar en un molde o cumplir con un checklist de género, es no solo liberador, también muy satisfactorio.

La lectura sin presión permite que cada uno de nosotros descubramos nuestro propio ritmo, preferencias y pasiones literarias.


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