La Costa Brava que no sale en las postales

Título: Locos por la Costa Brava
Autor: Francesc Ribes Gegúndez
Anaya Touring (2025)

Páginas: 240

Locos por la Costa Brava: Historias y retratos de un lugar irrepetible, de Francesc Ribes, parece en principio una guía más sobre un destino conocido, fotografiado hasta el agotamiento y convertido desde hace décadas en postal turística. Sin embargo, basta avanzar unas páginas para descubrir que aquí el verdadero paisaje son las personas que pasaron por allí y dejaron algo de sí mismas en aquella costa, y no las calas ni los hoteles blancos frente al mar.

El libro funciona mejor cuando se lee como una colección de historias humanas. Hay aristócratas arruinados, artistas fascinados por aquella costa todavía medio salvaje —cuando la Costa Brava aún no se había convertido en el gran escaparate turístico que sería después—, personajes ambiguos que parecen salidos de una novela de espionaje y figuras anónimas cuya vida tuvo más peso que muchas biografías célebres en el desarrollo de esa zona de España. Todo ello convierte la lectura en algo mucho más cercano a una antología de relatos históricos que a una guía de viaje al uso.

Uno de los aspectos más interesantes del libro es precisamente cómo explica la evolución de la Costa Brava a través de quienes la habitaron o se quedaron prendados de ella. Y es que tendemos a pensar que conocemos ese territorio, pues lo hemos visto en fotografías y lo hemos recorrido en verano o lo asociamos a cierta idea de Mediterráneo elegante y luminoso; pero el libro nos recuerda en cada capítulo que bajo esa imagen existe otra historia marcada por guerras, huidas, intereses políticos, transformaciones urbanísticas y curiosos encuentros.

La parte dedicada a los jardines ha sido, probablemente, una de las que más he disfrutado. No solo por la belleza de espacios como Marimurtra o Cap Roig, sino porque Ribes logra mostrar cómo detrás de cada jardín hay también una obsesión, una forma concreta de entender el paisaje y, en algunos casos, una vida entera entregada a construir un refugio frente al caos del mundo. Esa mezcla entre botánica, memoria y biografía aporta al libro algunos de sus momentos más sugerentes. Pero quizá no soy objetiva porque ya sabéis que soy una enamorada de las flores.

Hay capítulos algo más densos, si bien el lenguaje es accesible, y el abundante material gráfico ayudan a que la lectura nunca termine de volverse difícil o pesada. Quizá ahí está también uno de los aciertos del libro, recordarnos que las llamadas ‘guías de viaje’ pueden leerse de otra manera. Son herramientas prácticas, claro, pero también puertas de entrada a pequeñas historias muchas veces olvidadas, personajes excéntricos y episodios que fácilmente podrían convertirse en novelas de misterio, cine clásico, espionaje o ficción histórica. Quién sabe.

Después de leerlo, resulta difícil mirar la Costa Brava exactamente igual. El libro añade capas a un lugar excesivamente explotado; y así, bajo la imagen turística aparecen las huellas de quienes ayudaron a construirla, la imaginaron o encontraron allí un escenario inesperado para sus propias vidas. Y eso es lo que hace que un territorio deje de ser únicamente un paisaje para convertirse también en relato.

Sinopsis: ¿Qué tienen en común una estrella del cine, un genio del jazz, una pareja de aristócratas en horas bajas, un pintor enamorado de la vida, un espía nazi (o varios, quizá), un escritor adicto a la vida y a la bebida, un botánico frustrado o la viuda de un icono de la literatura? Que todos pasaron parte o buena parte de su vida en la Costa Brava, la descubrieron cuando casi nadie era capaz de ubicarla en un mapa y se apasionaron por este rincón de la Península. Algunos no han dejado más rastro que un vago recuerdo o una tumba olvidada, y otros contribuyeron a dar forma a su aspecto actual, como Carl Faust en el jardín Marimurtra, los Woevodsky en Cap Roig o Josep Ensesa en S’Agaró. Y no faltan historias de ciudadanos anónimos que en las peores circunstancias dieron una lección de ética y valentía, como Nancy Johnstone, que llegó a Tossa de Mar para regentar un hotelito con encanto y terminó acompañando a decenas de niños refugiados camino del exilio al final de la Guerra Civil. Sus vivencias y las de muchos otros se entrelazan con los acontecimientos del turbulento siglo XX, desde la Revolución Rusa a la Guerra Fría, hasta que Hollywood desembarcó en sus playas y lo cubrió todo con su deslumbrante capa de glamur.

A partir de documentación de época, de noticias, fotografías, artículos y biografías de quienes hicieron de la Costa Brava objeto literario o de investigación, Francesc Ribes escribe las páginas definitivas de un territorio, la idílica Costa Brava, que encandiló a sus primeros visitantes hasta convertirse en una parte indisoluble de su trayectoria vital, como ya le sucediera al más insigne ampurdanés, el escritor y periodista Josep Pla. Los retratos de los protagonistas y el esplendoroso paisaje -el de antaño y el actual- revelan el magnetismo que aún pervive de aquel sorprendente pasado aún por descubrir.


Descubre más desde El jardín del sur

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.