Vivir dentro y fuera de las palabras

Hoy es el típico día que uno se pone delante del ordenador y las teclas se quedan mudas. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que la cabeza está a otras cosas. Está sumida en una fantasía nueva, un proyecto que durante meses ha estado imaginando, creando y dando forma. Una nueva historia que transcurre entre bruma y lluvia, y que consume tiempo, energía y los dedos de quien os habla.

Las historias son así o, quizá, los escritores somos así. Nos metemos tanto en el nuevo mundo que creamos que, a veces, nos cuesta mucho salir de él. Los personajes, como sombras, nos acompañan a cada paso, respirando cerca, y haciéndonos partícipes de cada uno de sus movimientos. ¿Qué sería de ellos sin nosotros? ¿Qué sería de nosotros sin ellos?

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Corrijamos esos errores ortográficos III

En las entradas anteriores sobre errores ortográficos (Corrijamos esos errores ortográficos I y II) tratamos de ponernos al día con una serie palabras y expresiones muy utilizadas que siempre dan algún que otro problemilla. Dudamos a la hora de escribirlas y muchas veces tendemos a sustituirlas, lo cual no es una mala opción ya que antes de escribirlas mal, es mejor reemplazarlas.

Hoy, como entonces, vamos a ver la forma correcta de escribir y la diferencia entre algunas palabras que también suelen llevar a error. Empecemos.

Es sumamente común confundirlas y escribirlas de forma incorrecta, pero significan cosas distintas y es por eso que hay que saber diferenciarlas

Se escribe con acento gráfico cuando el adverbio significa todavía.

Aún (todavía) no he hecho la cama.

-¿Estás preparado?

-Aún (todavía) no. Sigue leyendo «Corrijamos esos errores ortográficos III»

Esas otras cosas que se dicen en las paredes

Hay una cosa que fotografío que hoy voy a compartir con todos vosotros: pintadas. Sí. Esas. Las que adornan o ensucian, según se mire, las paredes de nuestros barrios y ciudades. Me gusta saber qué escribe y piensa la gente porque, al fin y al cabo, es una forma de manifestación.

Pintadas de amor, filosóficas, eternas… Sigue leyendo «Esas otras cosas que se dicen en las paredes»

Autoedición en música, cine y literatura

La autoedición, a pesar de lo que muchos puedan pensar, no es un término asociado únicamente a la literatura. La música y el cine también tienen relación con él. La diferencia entre esa asociación radica en el modo en el que se valora.

A lo largo de los años han sido muchos los músicos que, bien huyendo de la servidumbre a las grandes discográficas o bien porque no han llegado a un acuerdo con estas, han decidido ser ellos mismos los que se editaban sus discos. Ejemplos tenemos muchos, pero os pondré uno que es muy gráfico. Roberto Iniesta, cantante de Extremoduro, cuando el grupo quiso sacar su primer disco en 1989, fue casa por casa (sí, habéis leído bien, casa por casa), en busca de financiación para sacarlo adelante. Fue pidiendo dinero a cambio de una copia que, cuando el disco viera la luz, sería enviada a cada uno de los donantes. Y así lo consiguió.

En el cine pasa algo parecido en el inicio de muchos de los cineastas que hoy son un mito. ¿Cuántas veces hemos oído hablar de directores que empezaron con pequeños cortos sufragados por su propio dinero o con la ayuda de familiares y amigos? Innumerables. Lo que pasa es que no nos enteramos de esos difíciles inicios hasta que ya son directores consagrados y pensamos que el camino les ha sido fácil. No es así. Muchos tuvieron que apostar por ser ellos mismos los que se producían sus películas.

Eso que muchas veces llamamos cine independiente, también se autoedita. Un cine por el que las grandes compañías cinematográficas no apuestan y que debe buscar su financiación en otro sitio. ¿Y qué pasa con este tipo de cine? Nada. Nos gusta y hablamos de él, quizá, con más admiración que de las grandes producciones.

Cine y música, y ahora llegamos a la literatura. Aquí el asunto cambia de forma radical.

Cuando un escritor no llega a un acuerdo con las editoriales o no consigue que se fijen en su obra, se plantea la posibilidad de la autoedición, más fácil en los últimos tiempos gracias a la aparición de distintas plataformas como Amazon. El escritor autoedita el libro y, a diferencia de lo que pasa con músicos y cineastas, parte del público y de la crítica, y gran parte del sector literario no lo alabarán, sino que lo considerarán de segunda o tercera. Y no porque su obra sea mala, sino porque hay quien opta directamente, sin darle ninguna oportunidad, por no leer esta literatura. Piensan que, al no haber pasado por los criterios tradicionales de corrección, maquetación, etc., de las editoriales, la calidad será menor o incluso, en algunos casos, nula. «No hay criba previa», dicen, o «cualquiera publica hoy en día un libro», y admito que de todo hay, cierto, pero primero hay que escribir el libro y eso es algo que parece que se olvida. Escribir, amigos míos, doy fe de ello, no es tarea fácil. Ni fácil ni agradecida.

(Aquí, antes de continuar, se debería hacer un aparte sobre los tipos de autopublicación porque estos prejuicios de los que os hablo no se dan en todos los casos. Os recomiendo leer La autopublicación oculta)

He leído malas novelas autoeditadas, pero también las he leído igual de malas siendo estas publicadas por editoriales tradicionales. Por lo tanto, uno se pregunta por esa doble vara de medir. En la música y en el cine sí, pero en la literatura, no. Jamás. Es difícil de entender. Yo, al menos, no lo entiendo.

Y que quede claro, diáfano, que con esta entrada no estoy haciendo boicot o algo similar a las grandes discográficas, productoras o editoriales. Ni mucho menos. Lo único que quiero con esta reflexión es que seamos justos y capaces de valorar las cosas como se merecen.