Esas otras cosas que se dicen en las paredes II

Las ciudades y los pueblos están llenos de curiosas pintadas que adornan o ensucian, según se mire, las paredes de nuestros barrios y casas. Paredes que, en realidad, muchas más veces de las que creemos, hablan. ¿Y qué nos dicen? De todo. Pintadas de amor, filosóficas, eternas…

Las que hoy comparto con vosotros están recogidas todas en Gijón (Asturias) y es muy interesante, os lo aseguro, prestar atención y fijarse en lo que dicen. ¿Qué es es lo que en ellas plasman quienes viven a nuestro alrededor? ¿Qué es lo que piensan, lo que sienten, lo que comparten? ¿Qué nos quieren decir? Pensad que, más o menos bonitas, con más o menos estilo y más o menos correctas, son, al fin y al cabo, una forma de manifestación.

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Los besos que no se dan

Beso, ósculo, pico, besuqueo, baboseo, toque, roce, contacto, caricia, mimo…

Hay muchas formas de llamar a un beso y cuantiosos tipos de ellos. Tantos como sentimientos puedan esconderse en un gesto tan pequeño y a la vez tan poderoso. Un acto henchido de tanta sinceridad que en ocasiones abruma. Besos de amor y cariño. También de compromiso y obligación. Besos de pasión y deseo, de los que se comen la boca, el sentimiento y el desánimo. Ardientes y sabrosos. O roces castos y cándidos, inocentes. Besos robados y escondidos que se dan bien con la ingenuidad de los primeros amores o con la astucia de los que tienen que permanecer en secreto, furtivos. Besos primerizos, de novato, y besos expertos no aptos para recatados. Besos de afecto entregado, de amor infinito, de ese que, dicen, mueve el mundo y eleva al hombre. Besos, en definitiva, sean como sean, que nos hacen libres porque no hay mayor libertad que dar un beso.

Cada una de esas caricias dice mucho de quien la da y de quien la recibe. Apunta un «te quiero», «hasta siempre», «hasta luego», «ten cuidado», «no tardes», «te echo de menos»… Y mil y un sentimientos más. También pueden no mostrar nada, aunque ese nada ya expresa mucho.

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Recuerdos de amor

Hoy, día de San Valentín, vamos a recordar algunas entradas relacionadas con el amor que son, además, de las que más han gustado en el portal. Amor de ese que mueve el mundo y que está presente en los lugares más insospechados. Palabras y sentimientos entregados en poemas, corazones, cartas…

Adelante. Visitad de nuevo estos escritos y lugares que nos revolvieron los sentimientos y nos hicieron, de algún modo, plantearnos qué es el amor, qué nos hace sentir, cómo lo afrontamos tanto cuando nace como cuando muere.

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‘Love Is in the Air’

El amorEse sentimiento que, como asegura uno de los personajes de mi última novela, «mueve el mundo, eleva al hombre y lo hace libre. Porque no hay nada más hermoso que amar y ser correspondido».

Así se debían sentir los que han colocado este curioso candado en un puente de Gijón. Lugar que, no sé, a mí no me termina de gustar demasiado porque me parece un sitio un tanto feo para esto del amor. Un puente sobre la autovía, demasiado expuesto al sol, un tanto sucio… Pero, bueno, pensaremos aquello de que el amor es ciego y que, seguro, aunque no lo veamos, hay un motivo importante por el que ese candado deba estar en ese barrote concreto de ese puente en concreto.

Como ya he dicho otras veces en las que me he encontrado cosas curiosas por la calle, de esas que tienes que mirar dos veces porque algo has captado por el rabillo del ojo, son estas “pequeñeces” las que te sacan una sonrisa y te hacen creer en la belleza del mundo.

Alguno os preguntaréis, ¿y si se rompe el amor? Entonces, recurriendo de nuevo a otra de las ideas de mi personaje, creeremos que «el desamor, en el fondo, es una parte más. Una pieza más. Amores piadosos, locos, traicioneros, de una noche o de toda una vida. Amores, en definitiva, que nos hacen humanos».

Una carta de amor para Clara

Hoy, paseando por los alrededores de la Playa de Poniente, en Gijón, me he encontrado una carta de amor. Sí. Tal cual. Una carta de amor para Clara. Estaba sujeta entre los listones de madera de un banco, mirando al mar y al sol.

Cuando la he visto, he dudado si cogerla o no. Yo no soy Clara. No era una carta para mí, pero la curiosidad me ha podido, así que la he alcanzado y la he abierto.

Al leerla, he sentido emoción y una sonrisa enorme se ha dibujado en mi cara. Por un instante me he visto envuelta de esperanza y he pensado que, quizá, el ser humano no sea tan malo.

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