El club de las palabras perdidas: faltriquera y miriñaque

Retomamos hoy el Club de las palabras perdidas y nos adentraremos, si os apetece, en la zona más profunda y oscura del diccionario para rescatar de su olvido un par de vocablos arrinconados por la memoria y la falta de uso que, en esta ocasión, están relacionados con el vestir.

Nuestro idioma tiene miles de palabras preciosas que por una cosa u otra —desconocimiento, vergüenza, olvido— no utilizamos y es una lástima. Aquí las recuperaremos y de esta forma, también, enriqueceremos nuestro vocabulario. Nunca hay que dejar de aprender. ¿Os apetece? Pues allá vamos. Las palabras de hoy son: faltriquera y miriñaque Sigue leyendo «El club de las palabras perdidas: faltriquera y miriñaque»

Esa fotografía que…

Muchas veces he comentado que hay que mantener siempre los ojos muy abiertos cuando uno camina por ahí porque, a veces, de repente, encuentras o ves algo que te hace pestañear. Volver. Algo que llama tu atención y te obliga a pararte para contemplarlo mejor. Estoy convencida de que esto no es algo que me ocurre solo a mí, ¿verdad?

Pues el otro día, cuando regresaba a casa tras hacer unos recados, encontré ese algo que me hizo detenerme. Un algo, además, muy curioso que, temo, solo pueda resolver a través de mi imaginación. Ahí lo tenéis.

Seguro que a vosotros también os crea curiosidad este hallazgo y más lo hará, veréis, cuando os cuente dónde lo he descubierto. Esa fotografía antigua estaba pegada con un trozo de cinta aislante en el buzón metálico de un Banco. Una imagen que ya tiene unos años. Si la observamos más al detalle, vemos que está hecha en la costa, en un paseo marítimito. Sigue leyendo «Esa fotografía que…»

Los besos que no se dan

Beso, ósculo, pico, besuqueo, baboseo, toque, roce, contacto, caricia, mimo…

Hay muchas formas de llamar a un beso y cuantiosos tipos de ellos. Tantos como sentimientos puedan esconderse en un gesto tan pequeño y a la vez tan poderoso. Un acto henchido de tanta sinceridad que en ocasiones abruma. Besos de amor y cariño. También de compromiso y obligación. Besos de pasión y deseo, de los que se comen la boca, el sentimiento y el desánimo. Ardientes y sabrosos. O roces castos y cándidos, inocentes. Besos robados y escondidos que se dan bien con la ingenuidad de los primeros amores o con la astucia de los que tienen que permanecer en secreto, furtivos. Besos primerizos, de novato, y besos expertos no aptos para recatados. Besos de afecto entregado, de amor infinito, de ese que, dicen, mueve el mundo y eleva al hombre. Besos, en definitiva, sean como sean, que nos hacen libres porque no hay mayor libertad que dar un beso.

Cada una de esas caricias dice mucho de quien la da y de quien la recibe. Apunta un «te quiero», «hasta siempre», «hasta luego», «ten cuidado», «no tardes», «te echo de menos»… Y mil y un sentimientos más. También pueden no mostrar nada, aunque ese nada ya expresa mucho.

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