Poemas en las tapias

«Eras y eres mi hogar».

Hoy os enseño esas otras cosas que uno encuentra en las tapias de los cementerios. Un poema entre ramas que pasa desapercibido si uno no vuelve la mirada. Está en la tapia exterior del cementerio de Ceares, en Gijón. Es un poema, la verdad, muy bonito sobre le amor, pero también sobre la pérdida.

En próximas entradas, si os apetece, haré un recopilatorio de esas otras cosas que uno se encuentra, si sabe mirar bien, en muros, casas, piedras, etc. Tengo unas cuantas  recopiladas y me apetece compartirlas con vosotros.  Invitados quedáis. Estad atentos.

La curiosidad mató al gato, pero la satisfacción lo trajo de vuelta

Desde pequeña, siempre he oído ese refrán que dice que “la curiosidad mató al gato”. Una forma de indicarnos que no fuéramos indiscretos, entrometidos o cotillas. Pero también, desde bien pequeña, yo siempre he apuntado que “la satisfacción lo trajo de vuelta”. Y es que así lo creo.

Cierto que hay diferentes tipos de curiosidad: la sana y la malsana. De la última, la malsana, no voy a decir nada, pues todos sabemos en qué consiste y para qué sirve, que no suele ser para nada bueno. Voy a hablar de la primera, de la curiosidad por observar, descubrir, descifrar, investigar y explorar. Ver más allá de lo que a simple vista se nos presenta. No conformarnos.

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Cuando empecé Sociología, muchos eran los profesores que nos decían que para ser un buen sociólogo era importante saber observar y ser muy curioso. Después, en periodismo, otros dijeron lo mismo. Un periodista debe indagar, preguntar, curiosear… En ambos casos uno debe plantarse el porqué de las cosas. Como escritor, añado que es muy importante ser curioso y tantear qué hay más allá de lo que vemos. Así pueden nacer estupendas historias. No conformarse con lo que la supuesta realidad nos regala e investigar y escarbar un poco más. Soplar el polvo que la cubre y así averiguar cosas interesantísimas que, de otro modo, nunca hubiéramos descubierto. Si seguís leyendo, entenderéis mejor a qué me refiero. Sigue leyendo «La curiosidad mató al gato, pero la satisfacción lo trajo de vuelta»