Escribir en tiempos de pandemia: Shakespeare

William Shakespeare
William Shakespeare

Si os digo que durante periodos difíciles de pandemia se pueden crear obras maestras, de esas que trascienden épocas, lugares y vidas, quizá penséis que todo lo que vivimos me ha afectado, pero no deliro, os lo aseguro. Y digo esto porque William Shakespeare, por ejemplo, escribió El rey Lear y Macbeth, dos de sus obras más importantes, dos de los mayores clásicos de la literatura de todos los tiempos, durante una cuarentena. Eso, al menos, aseguran algunos de sus biógrafos.

Según esta teoría, que nos alienta y mucho, el dramaturgo y poeta inglés pasó por varios confinamientos debido a las terribles plagas y pestes del siglo XVI. La primera fue en 1592, tiempo que aprovechó el literato para escribir, entre otras, La violación de Lucrecia y el poema Venus y Adonis. Pero fue en 1606, con los teatros de todo Londres clausurados, cuando Shakespeare, de nuevo obligado a pasar por una cuarentena, trazó dos de sus mejores obras, El rey Lear y Macbeth. Para muchos expertos, este hecho sin precedentes convierte aquel tiempo horrible, paradojas de la vida, en uno de los más fructíferos y extraordinarios del autor al ser capaz de crear, en momentos tan oscuros, obras maestras que hoy siguen leyéndose y representándose en los teatros de todo el mundo.

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Los besos que no se dan

Beso, ósculo, pico, besuqueo, baboseo, toque, roce, contacto, caricia, mimo…

Hay muchas formas de llamar a un beso y cuantiosos tipos de ellos. Tantos como sentimientos puedan esconderse en un gesto tan pequeño y a la vez tan poderoso. Un acto henchido de tanta sinceridad que en ocasiones abruma. Besos de amor y cariño. También de compromiso y obligación. Besos de pasión y deseo, de los que se comen la boca, el sentimiento y el desánimo. Ardientes y sabrosos. O roces castos y cándidos, inocentes. Besos robados y escondidos que se dan bien con la ingenuidad de los primeros amores o con la astucia de los que tienen que permanecer en secreto, furtivos. Besos primerizos, de novato, y besos expertos no aptos para recatados. Besos de afecto entregado, de amor infinito, de ese que, dicen, mueve el mundo y eleva al hombre. Besos, en definitiva, sean como sean, que nos hacen libres porque no hay mayor libertad que dar un beso.

Cada una de esas caricias dice mucho de quien la da y de quien la recibe. Apunta un «te quiero», «hasta siempre», «hasta luego», «ten cuidado», «no tardes», «te echo de menos»… Y mil y un sentimientos más. También pueden no mostrar nada, aunque ese nada ya expresa mucho.

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En busca de luz

Hoy en, El Comercio (pinchad aquí o en al fotografía), 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐮𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐥𝐢𝐭𝐞𝐫𝐚𝐫𝐢𝐚𝐬 𝐜𝐥𝐚́𝐬𝐢𝐜𝐚𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐦𝐚́𝐬 𝐣𝐨́𝐯𝐞𝐧𝐞𝐬. Libros pensados para que encuentren entre sus páginas un refugio, un lugar donde sentirse a salvo, porque la felicidad se puede encontrar incluso en los momentos más oscuros.

Consejos para trabajar desde casa

Los escritores y periodistas estamos acostumbrados a trabajar desde casa, pero muchas otras personas, quizá tú seas uno de ellos, no lo están en absoluto. A tenor de algunas declaraciones, fotografías y vídeos que he visto por internet, hay quien se enfrenta bien a este escenario excepcional que vivimos actualmente y que obliga  a muchos al teletrabajo, pero también hay quien comete algún que otro error de novato. Por eso, tal y como dice el título de este artículo, quiero daros, sobre todo a los nuevos, unos cuantos consejos para que trabajar desde casa sea lo más llevadero y productivo posible.

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