El jardín del sur cumple 9 años

Estoy muy feliz porque ayer, 23 de febrero, El jardín del sur cumplió nueve años. ¡Nueve! Nueve años desde que decidí crear un portal literario para compartir mis experiencias en el mundo de las letras, cómo enfrentarnos a los problemas que surgen en él o cómo ser mejor escritor y también mejor lector. Nueve años de críticas literarias (hay más de 230), de rescate de palabras, consejos y experiencias para mejorar nuestro lenguaje, de ejercicios de imaginación, de vivencias, etc. Espero que lo hecho hasta ahora os haya servido y continúe haciéndolo. Yo prometo hacerlo crecer.

Cuando empecé, el primer mes solo tuve 17 visitas, hoy superan las 4600. Eramos tres seguidores, hoy superamos los 3000. Eso es gracias a ti, que estás al otro lado, a todos vosotros, apoyando cada uno de mis nuevas entradas; cada reseña, escrito, nueva sección. Gracias.

Os dejo aquí la primera entrada que escribí entonces que era y es, simplemente, una declaración de intenciones.

El ángel negro (Segunda parte)

Con cautela, cuatro cartas fueron giradas desvelando el misterio que ocultaban. Una a una, fueron colocadas sobre un pequeño atril correspondiente al jugador y dictaron su sentencia.

Buena o mala. Justa o injusta. Allí estaba.

Carta roja: 35-40 años

Carta amarilla: pelirroja

Carta blanca: joya

Carta negra: india

La jugada no era la mejor; no era satisfactoria. El resultado no apuntaba optimismo. Difícil de localizar.

Al ángel negro le hubiera gustado gritar, lanzar los dados contra la pared o levantar el tablero de un manotazo, pero se contuvo. Guardó su malestar, su nerviosismo y su rabia, y lo escondió en lo más profundo de su ser. No podía mostrar debilidad frente al resto de jugadores. Además, se le había ocurrido una idea.

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El ángel negro (Primera parte)

Los cuatro dados, dos azules, uno blanco y otro negro, con sus aristas redondeadas y tras un soplido irracional de pedida de suerte, como si el lugar fuera un casino, rebotaron con calma sobre el tablero. Giraron varias veces sobre sí mismos ante la expectación de los presentes, solo cinco personas pues no era un juego apto para débiles de corazón o de mente. No se permitía la duda o la vacilación. Tampoco el abandono.

Los dados rodaron hasta acabar, por fin, mostrando el destino a su lanzador. Los azules marcaron seis y dos. El blanco indicó uno y el negro, cuatro. Esos eran los números a avanzar por las tres diferentes y dispares líneas de casillas del tablero. Tres curvadas y tortuosas sierpes que se enredaban y enmarañaban entre ellas como serpientes en plena cópula.

La primera línea, añil, imprimía el tiempo. Cercano o lejano. Mucho o poco. Lapso temporal siempre con un principio y un final inexcusable y limitado. Se comenzaba ese día en el que los dados giraban, rebotaban y dictaban sentencia. Luego, el destino marcado por ellos revelaba cuándo se terminaba.

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Nueva sección de relatos

Relatos Desde hace unos meses, en el blog también comparto con vosotros algunos relatos que voy escribiendo. Es otra forma de conocernos mejor.

De momento no son muchos pero, poco a poco, irán creciendo. Y por eso, para que no os perdáis ninguno y podáis acceder a ellos de una forma más rápida y sencilla, desde hoy habrá una nueva sección en El jardín del sur dedicada en exclusiva a esos relatos.

Y como soy tan original poniendo nombre a los distintos apartados del blog, he llamado a la sección Relatos. Lo dicho. Muy original por mi parte.

Espero que os guste y que se convierta en una de vuestras secciones favoritas.

Acceder a Relatos.

En los cajones de mi casa

En los cajones de mi casa se esconden historias. Algunas pequeñas y otras grandes. Algunas que pugnan por salir batallando sin cuartel hasta que el genio las hace caso y se desposa con ellas. Otras, en cambio, siguen ahí, agazapadas, temerosas, pues no saben cuándo será su momento.

Historias de amor, de amistad, de miedo o de terror. Historias de verdad, mentiras y dolor. Historias que ofrecer o que esconder.

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Frente a la página en blanco

Seguro que en más de una ocasión os habéis tenido que enfrentar a una página en blanco difícil de tratar. Con ideas en la mente que vuelan por nuestro cerebro sin control, pero incapaces de plasmar nada sobre el papel.

Hay días en los que te sientas delante del ordenador o de un cuaderno y por mucho que te estrujes el cerebro y lo exprimas, no hay manera de que de él salga algo digno. Solo frases e ideas sueltas sin conexión con las que no consigues iniciar una historia; una buena historia. Y es que la musa que te inspira es caprichosa y, aunque a veces la llames a gritos, hace oídos sordos a tu petición de ayuda.

Esos días de bloqueo te sientes mal. La inspiración te ha abandonado y te agobias. Incluso llega un momento en el que te obsesionas con el asunto porque basta que no puedas escribir nada interesante para que más ahínco pongas en redactar cualquier cosa.

Pues mi consejo es bien sencillo. Es lo que yo hago. Olvídate. Abandona durante un tiempo el papel y no pienses en ello. No te ofusques por encontrar una buena historia, una buena idea o una buena frase que te haga empezar el camino hacia algo que merezca la pena. Olvídalo y sal a buscar la inspiración fuera de las paredes de tu mente. Quizá la musa ande escondida por ahí.

Observa todo lo que te rodea. De ahí vendrá, cuando ya no la esperes, la inspiración.

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