‘El disfraz’

Verónica García-Peña Halloween

EL DISFRAZ

Cuando regreso, intento quitarme la máscara. Tiro con fuerza de ella, pero está muy prieta. Entonces lo hago del pelo y solo consigo arrancarme un par de mechones. «Tranquilo», me digo a la vez que estiro esta vez desde la parte del cuello. En ese instante, mi hija pequeña entra por la puerta. Va vestida como yo. Tiene mi misma cara y me doy cuenta de que, en realidad, no llevo antifaz.

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El club de las palabras perdidas: baraña y cascarria

Os propongo un plan diferente para hoy. ¿Os apetece meteros a bucear por el diccionario? Así dicho igual no suena muy atractivo, pero lo es porque exploraremos su zona más profunda y oscura para rescatar del olvido un par de palabras postergadas por la falta de uso. Retomemos pues el Club de las palabras perdidas y rescatemos baraña y cascarria. Sonoras, ¿verdad? Pues vamos a ver qué significan estas preciosas palabras tan rumorosas. Sigue leyendo «El club de las palabras perdidas: baraña y cascarria»

Escenarios de ‘La isla de las musas’

Los escenarios de cualquier novela son muy importantes. Por eso, a mí me gusta que cada uno de ellos sea único y contenga esa verdad que lo convierte en especial.

En La isla de las musas (Suma, 2020), que saldrá a la venta el próximo 3 de septiembre, la isla no existe como tal, es una invención, pero, situada frente a la villa gallega de Baiona (Galicia), donde vive la madre del protagonista principal, está inspirada en las Islas Cíes. Cuando empecé a crear la novela, sus playas, gaviotas, la arena blanca o sus olas se convirtieron en el escenario perfecto para que esta historia de misterio y terror cobrara vida en ellas. Es un paisaje evocador que te transporta, sin duda, a la isla de mi mente, a la isla de las musas.

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‘Día de colada’

DÍA DE COLADA

Los tres amigos cruzaron presurosos la valla exterior del recinto. Tocaba limpieza y debían darse prisa si querían evitar las horribles esperas que siempre se formaban en el lavadero cercano al camposanto.

—¡Devuélvemela! —pidió uno de los tres. Era el más pequeño y el último en llegar al grupo.

—Ven a por ella —rio el mayor, el que más tiempo llevaba allí. Ese tipo de bromas le encantaban.

—Anda, dásela.

Quien puso paz fue el tercero de los amigos. No era la primera vez que el mayor hacía rabiar al pequeño en día de colada y le quitaba la sábana, lo que era una faena, la verdad. Máxime cuando se es, como ellos, un fantasma a merced del viento.

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