El club de las palabras perdidas: faltriquera y miriñaque

Retomamos hoy el Club de las palabras perdidas y nos adentraremos, si os apetece, en la zona más profunda y oscura del diccionario para rescatar de su olvido un par de vocablos arrinconados por la memoria y la falta de uso que, en esta ocasión, están relacionados con el vestir.

Nuestro idioma tiene miles de palabras preciosas que por una cosa u otra —desconocimiento, vergüenza, olvido— no utilizamos y es una lástima. Aquí las recuperaremos y de esta forma, también, enriqueceremos nuestro vocabulario. Nunca hay que dejar de aprender. ¿Os apetece? Pues allá vamos. Las palabras de hoy son: faltriquera y miriñaque Sigue leyendo «El club de las palabras perdidas: faltriquera y miriñaque»

‘Campos de sueño’

CAMPOS DE SUEÑO

Anoche soñé que soñaba y, al despertar, sentí que no había despertado del todo. Quise alejar esa terrible sensación de mi lado y volver a dormir, pero cada vez que cerraba los ojos, me preguntaba de qué sueño había despertado. ¿Del real o del soñado? ¿Era yo, acaso, el que soñaba o era, en realidad, el personaje del sueño de otro? En algún momento de la noche volví a quedarme dormido y, entonces, soñé que soñaba.

Copyright © 2019 Verónica García-Peña

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Retrato de un autorretrato

Este blog, ya lo sabéis, es un jardín repleto de hermosos rincones, algunos aún por explorar, donde no solo tiene cabida la literatura. De ahí que, a veces, comparta con vosotros otro tipo de cosas que me llaman la atención, son   originales, hermosas o, simplemente, creo que merecen un parterre en el jardín. Ideas, imaginación y creatividad que no tienen límite.

Así, hoy os enseño, no me he podido resistir, esta hermosa fotografía de un retrato nacido de la amistad virtual y el confinamiento. Retrato de un autorretrato. Mirad qué maravilla. Es obra de José Uriszar Leiva.

Es un dibujo basado en una fotografía que subí a las redes sociales en la que, a través de un autorretrato al más puro estilo de un cartel de cine negro, reflexionaba sobre el uso del pintalabios rojos en tiempos difíciles. Y es que,  en épocas complicadas, aumentan las ventas de este producto. Ocurrió en la Gran Depresión, en la Segunda Guerra Mundial, tras el 11S y el 11M y en la anterior crisis. A mí me regalaron uno, de los buenos además, y aunque nunca me pinto los labios, ese día lo cogí y me dije: ¿por qué no? Y ahí me tenéis, al más puro estilo cartel de una película de cine negro.