Sombreado

Desde que abandonó México, cada día pintaba su sombra en la pared con una pequeña tiza blanca que se había traído de allí. Le gustaba observar cómo el negro se invertía y el blanco inundaba su oscuridad. Cuando se cansaba del color cano de la tiza, se movía y su sombra crecía de nuevo. Era como germinar; como existir.

Y pintó y perfeccionó tanto ese especial trazo que una buena mañana, al desplazar su sombra, esta no se movió. No floreció. Se quedó clavada en la pared solo a merced de los nuevos movimientos, torpes aún, de la figura blancuzca que brotaba del muro y le saludaba con curiosidad.

Copyright © 2018 Verónica García-Peña

Y si…

Así. Tal cual. Con esa pequeña introducción pueden nacer grandes ideas.

Muchas veces, cuando me preguntan de dónde surgen las mías, suelo responder que de un “y si…” porque no hay mayor fuente de inspiración que la curiosidad. Por ejemplo, vas por la calle, ves una mujer que pasea sola. Parece triste. La miras, la observas y, como una chispa, a tu mente acude una idea. Pequeña en principio. Solo una idea, pero que no deja de rebotar en tu cabeza. Pasan los días e incluso las semanas y, al final, esa pequeña luminosidad es el germen de una gran historia que contar.

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Un tronco…

Hoy en ¿Qué ves? ¿Qué imaginas? vamos a imaginar como nunca. Ya veréis. Allá vamos.

Mirad con atención la siguiente imagen. ¿Qué veis?

Madera, ¿verdad?

Un tronco. Sí, un simple tronco. Especial por su forma, cortes y aberturas, pero un tronco al fin y al cabo. Entonces, ¿hoy no hay juego? Sí que lo hay. No penséis que por no ponernos a adivinar qué es lo que esconde la imagen, el juego ya no tiene diversión o ha terminado porque esta vez lo que quiero que hagamos es imaginar lo que podría llegar a ser. ¿Preparados? Sigue leyendo «Un tronco…»

Mil estrellas

Trazó mil estrellas, brillantes, preciosas, para poder formar tu imagen. Al contemplarlas, divisó tus ojos  y sobre el eterno mar las fundió para crear tu cuerpo.

Te amó en silencio como la lluvia ama las flores; en silencio como la armonía ama a las notas musicales. En silencio…

Una mudez que a menudo era la balada de esa pasión furibunda que su alma siente por ti y, otras veces, fuga camino de la locura.

Eras la nota de laúd que surca el tiempo hasta colmar su mente de quimeras. Antes, si nadaba en el mar donde naciste, la luna le daba tu cuerpo y la brisa tu aliento.

Esos hermosos broches que eran tus ojos, verdes, albahaca, empujaron su pluma y le hicieron trazar la mejor de las historias; la más bella y hermosa.

Le dejaste amarte con locura y pasión. Le dejaste entrar sin vacilar en tu mundo apretando entre tus manos su vida, su alma y su mente, y mientras esa fusión se consumía, la luna se apagó y tú, ese ángel con el que la noche en vela abraza al poeta, se fue. Te fuiste.

Hoy tus alas forman un corazón roto, como el suyo cada vez que mira las estrellas y tú no apareces. Estrellas que ora no brillan como antes; estrellas que ora no se funden con el mar.

¡Ah, numen que ayer hablabas al poeta! ¿Dónde estás?

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Los trotamúsicos

Hace mucho que no actualizo la sección Leer con la tv y hoy es un buen día para hacerlo. Me apetece pasarlo bien. ¿Y a vosotros?

Tengo ganas de recordar y sonreír con viejas series de dibujos animados que nos hicieron acercarnos a la literatura, por primera vez en muchos casos, aprender y disfrutar.

Emprenderemos el maravilloso viaje de hoy, como siempre hacemos en esta estupenda sección cargada, he de reconocer, de cierta nostalgia, con un vídeo. A por él.

¿Seguís cantando?

Sí, lo sé. La música de la introducción es tan pegadiza que no se os va a ir de la cabeza en todo el día. Es inevitable.

Los trotamúsicos son unos de mis dibujos animados favoritos. Tenía diez años cuando empezaron a emitirlos en TVE (en 1989) de la mano de  Cruz Delgado y es una serie basada en el cuento de los hermanos Grimm Los músicos de Bremen. Sigue leyendo «Los trotamúsicos»