Versos ásperos IV

Hoy retomo esta minisección sobre los versos que aparecen por la ciudad de Gijón en diferentes lugares y que yo he llamado versos ásperos, pues en ellos siempre encuentro cierta amargura; cierto resquemor por el hoy y el mañana. También nostalgia del ayer. Es lo que, quien los coloca, parece decirnos. Su forma de entender el mundo.

Cuando comencé a verlos, en el año 2020, eran opiniones sobre la situación pandémica, el confinamiento, algunas actuaciones políticas relacionadas con el ocio y la hostelería, etc., pero, poco a poco, se han tornado cada vez más religiosos o con componentes tales. Quien elabora estos poemas ya no esconde sus creencias (que en sus primeros poemas ya se intuían) y en ente caso concreto, incluso opina sobre el actual Papa.

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Versos ásperos III

Estos versos que aparecen por la ciudad (Gijón), en diferentes lugares y barrios, aquí y allí, me tienen intrigada, pero también fascinada porque, a través de ellos, quien los coloca nos dice muchas cosas de su forma de entender el mundo.

Al principio, solo eran opiniones sobre la situación vírica, sobre el confinamiento en general, pero, poco a poco, ha ido exponiendo y exponiéndose. El primero lo vi el 9 de julio de 2020; el segundo y tercero los encontré en febrero de este año; y el último, ayer mismo.

El primero era una reflexión amarga recogida en octosílabos, una redondilla con rima abrazada; los otros, cuartetas imperfectas, y el que hoy os enseño es, también, una cuarteta imperfecta. Dice:

Quieren poner la eutanasia
Facilitar que uno muera
Pero te guardan en casa
Mascarilla y bares fuera.
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Versos ásperos II

El 9 de julio del año pasado fue la primera vez que vi esta especie de versos ásperos por la ciudad. Fue en la calle Marqués de San Esteban de Gijón (Asturias), en un banco que tenía una pegatina escrita a máquina de escribir. Decía: «Cómo descansa la tierra/ Sin esa funesta plaga/ Que suelta todo lo estraga/ Y en casa un virus encierra»

Un poema de tipo redondilla o cuartilla, con rima abrazada (abba) que me recordó a Lope de Vega. Una reflexión amarga recogida en octosílabos sobre nuestro paso por este planeta, y hace unos días, de nuevo, me volví a encontrar con dos mensajes similares. En esta caso estaban pegados a una farola en la calle El Comercio, también en Gijón.

Se encierra cada político

Que son la auténtica plaga

Y en su casa le dé al pico

Mientras come y mientras caga

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La curiosidad mató al gato, pero la satisfacción lo trajo de vuelta

Desde pequeña, siempre he oído ese refrán que dice que “la curiosidad mató al gato”. Una forma de indicarnos que no fuéramos indiscretos, entrometidos o cotillas. Pero también, desde bien pequeña, yo siempre he apuntado que “la satisfacción lo trajo de vuelta”. Y es que así lo creo.

Cierto que hay diferentes tipos de curiosidad: la sana y la malsana. De la última, la malsana, no voy a decir nada, pues todos sabemos en qué consiste y para qué sirve, que no suele ser para nada bueno. Voy a hablar de la primera, de la curiosidad por observar, descubrir, descifrar, investigar y explorar. Ver más allá de lo que a simple vista se nos presenta. No conformarnos.

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Cuando empecé Sociología, muchos eran los profesores que nos decían que para ser un buen sociólogo era importante saber observar y ser muy curioso. Después, en periodismo, otros dijeron lo mismo. Un periodista debe indagar, preguntar, curiosear… En ambos casos uno debe plantarse el porqué de las cosas. Como escritor, añado que es muy importante ser curioso y tantear qué hay más allá de lo que vemos. Así pueden nacer estupendas historias. No conformarse con lo que la supuesta realidad nos regala e investigar y escarbar un poco más. Soplar el polvo que la cubre y así averiguar cosas interesantísimas que, de otro modo, nunca hubiéramos descubierto. Si seguís leyendo, entenderéis mejor a qué me refiero. Sigue leyendo «La curiosidad mató al gato, pero la satisfacción lo trajo de vuelta»