Un lugar especial en ¿Qué ves? ¿Qué imaginas?

Tras las entradas complejas y un tanto pesimistas de semanas anteriores, ha llegado el momento de olvidar y soñar. De volver a ver una imagen, verla de verdad, y luego dejar volar nuestra imaginación. Ya os dije que la sección ¿Qué ves? ¿Qué imaginas? nos daría mucho juego.

Hoy os traigo la fotografía de un lugar especial para que nuestra mente abandone los quehaceres diarios por un momento y se marche lejos. ¿Dónde? A donde queráis porque sólo depende de vosotros el sitio elegido para viajar y perderos por un instante.

La siguiente fotografía, tomada hace un par de años, tiene mucho que ver con una cueva que está muy de moda últimamente gracias a una película de Alex de la Iglesia.

Zugarramurdi (Navarra)

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Bloqueo de escritor

Durante los últimos meses, me sentía bloqueada. Estaba ocupada terminando de arreglar una novela corta (que me ha costado escribirla más que si fuera un novelón) para registrarla y empezar a moverla por ahí, pero tenía la sensación de que mi mente se había agotado. Era capaz de escribir para el blog y otras redes sociales; era capaz de imaginar un relato corto, pero no iba más allá. Las buenas historias parecían haberme abandonado. Se habían esfumado sin decirme siquiera adiós.

También estaba, y estoy, muy contenta porque dentro de poco, por fin, veré mi primera novela publicada en formato digital, pero tenía la impresión de que ésa iba a ser la única. No habría más porque no era capaz de crear más. Además, lo escrito me parecía corriente, mediocre, pobre… Era una simple sensación, pero parecía muy real.

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Frente a la página en blanco

Seguro que en más de una ocasión has tenido que enfrentarte a una página en blanco difícil de tratar. Con ideas en la mente que vuelan sin control, pero incapaz de plasmar nada sobre el papel. Días en los que te sientas delante del ordenador o de un cuaderno y por mucho que lo intentes, no hay manera de trazar nada digno (o eso, al menos te parece). Y es que la musa es caprichosa y aunque se la llame a gritos, hace oídos sordos a la petición de ayuda.

En esos días de bloqueo, uno se siente mal. La inspiración parece haberse evaporado y llega la ansiedad e incluso, a veces, la obsesión puesto que basta que no puedas escribir para que más ahínco pongas en redactar cualquier cosa. Pues, bien, mi consejo es bien sencillo, uno de los más repetidos por los expertos y el que en muchas ocasiones sigo yo: olvídalo.

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