Finalista Premio Planeta 2015

Os habréis dado cuenta que desde hace unos días el blog ha estado parado. Todo tiene una explicación.

El pasado 8 de octubre me enteré de que era finalista del Premio Planeta 2015. Sí, habéis leído bien. Mi novela El ladrón de sueños, presentada bajo el seudónimo de “Gustavo Olea”, había sido seleccionada entre las 486 obras presentadas al concurso como una de las 10 finalistas.

Desde ese día, todo mi mundo comenzó a girar en torno al premio y a la asistencia a la gala literaria celebrada el pasado 15 de octubre en Barcelona. Fue una semana llena de nervios y de mucha ilusión.

La noche de la gala fue fantástica. Me lo pasé genial y, a pesar de no ser uno de los ganadores, disfruté, aprendí y saboreé esa noche hasta el final. Además, yo ya me sentí y me siento premiada.

Ser una de las 10 finalistas es ya un premio. Un premio a la constancia, a la imaginación y a los soñadores porque ¿qué somos los escritores? Somos soñadores. Soñadores de vidas, de historias, de lugares… Y este premio, estar ahí, sirve para seguir soñando.

Espero que muy pronto todos podáis disfrutar de El ladrón de sueños, pues creo que es una novela que se merece ser editada. Os gustará. Así lo siento. Es una historia que no os dejará indiferentes, que leeréis con ganas y que al terminar, al cerrar el libro, permanecerá a vuestro lado. Estoy convencida de ello.

Si queréis leer, ver o escuchar algunas de las entrevistas que me han hecho, las tenéis todas recogidas en: www.veronicagarciapeña.es

En los cajones de mi casa

En los cajones de mi casa se esconden historias. Algunas pequeñas y otras grandes. Algunas que pugnan por salir batallando sin cuartel hasta que el genio las hace caso y se desposa con ellas. Otras, en cambio, siguen ahí, agazapadas, temerosas, pues no saben cuándo será su momento.

Historias de amor, de amistad, de miedo o de terror. Historias de verdad, mentiras y dolor. Historias que ofrecer o que esconder.

Cajón1 Sigue leyendo «En los cajones de mi casa»

Ojos de sal

Mansas transcurren las horas, lentas y calmadas. Con las palmas de sus manos rozando el cielo, recuerda la magia de un primer ensueño, la locura de aquel placer que había llenado su vida de plenitud. Ahora, sola, paseando por un largo camino, arrastrando los pies hacia la soledad de la playa, quiere olvidar.

Marcha con la mirada ausente, perdida en la memoria, con lágrimas fijas, saladas como las olas que bañan sus pies. Va corriendo sin alma, vacilando en si acercarse al mar y así, huir del mundo.

¿Qué hacer? ¿Cómo olvidar el tiempo en el que cada noche él la visitaba?

Sigue leyendo «Ojos de sal»