Edgar Allan Poe. Un genio

«Los hombres me han llamado loco; pero no está esclarecida la cuestión de si la locura es o no es lo sublime de la inteligencia»

Un 19 de enero de 1809, en Boston (EE.UU.), nació Edgar Allan Poe, un genio de lo macabro y el misterio, de lo gótico y el terror. Escritor, poeta, crítico y periodista, está reconocido como uno de los grandes maestros de los cuentos de terror y también, por supuesto, del relato corto. Es considerado, además, el inventor del relato detectivesco gracias al texto ‘Los crímenes de la calle Morgue’, de 1841, donde aparece por primera vez el detective Auguste Dupin.

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El club de las palabras perdidas: alcayata y cachivache

Hoy, en el Club de las palabras perdidas, vamos a rescatar dos voces que, creo, apenas se emplean. Una de ellas, la primera, nos la acerca el periodista José Luis Ruiz desde el periódico El Comercio que, como vosotros, se han convertido en rescatador del club. Las palabras son: alcayata y cachivache.

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La memoria de lo no vivido

Ahora que se acerca el final de año, tendemos a hacer balance de todo lo bueno y malo que nos ha pasado; de lo vivido y lo perdido. También, cómo no, está en nuestra naturaleza, de todo lo que pudo haber sido y no fue. De esos trenes que no cogimos y de esas habitaciones de hotel a las que decidimos no ir. Esa mirada que se perdió entre la muchedumbre o aquel roce que dejamos pasar.

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‘Insurrección autómata’

INSURRECCIÓN AUTÓMATA

Llevo un rato tarareando una famosa canción de Alaska en la que los electrodomésticos se rebelan y leen a Marx porque eso es, precisamente, lo que ha pasado hoy en mi casa.

Tengo a la tostadora y a la sandwichera con pancartas y gritando proclamas sindicalistas mientras pasean de un lado a otro de la encimera exigiendo un horario que les permita conciliar mejor su vida familiar y profesional. La panificadora les apoya.

La lavadora, el horno y el lavavajillas, junto a la vitrocerámica, están de asamblea. Discuten si secundan la huelga que ha iniciado el microondas porque en casa, al pobre, nadie lo usa y cree que es víctima de ‘mobbing’.

La nevera, por su parte, no me deja abrirla. Se niega a ser utilizada como un simple objeto cosificado. «Tengo sentimientos», me grita irritada.

Así, estoy en la calle. He decido que un paseo es mi mejor opción porque al salir de la cocina, he oído jaleo en el salón. Creo que el televisor es el cabecilla y junto con la aspiradora y otros objetos autómatas de mi hogar, se han vuelto humanos.

Copyright © 2021 Verónica García-Peña