‘Una particular venganza’

UNA PARTICULAR VENGANZA

Desenvainó. Se puso en posición y esperó la primera embestida. Después la segunda y la tercera. La cuarta y la quinta, y todas las que vinieron después, que no fueron pocas, pero no se movió. De él se esperaba lucha y valor, y no pasividad ante la muerte, pero cómo explicar que no hay mayor desagravio que amar al enemigo.

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Enlaces para poetas

Hoy os acerco dos enlaces muy interesantes y útiles, como siempre, para cualquier creador de poesía. Pueden ser de ayuda a la hora de buscar esa palabra que se resiste a rimar. Espero que os gusten y los uséis. Creo que  pueden ser de ayuda tanto para escritores profesionales como para aficionados.

Allá vamos.

  • COSASQUE: Se trata de una web de buscador de rimas. Tecleas en el buscador la palabra con la que quieres rimar y luego le das a buscar. Te saldrán separados por consonante y asonante. Luego tú eliges. También puedes separa palabras por sílabas y la página te dirá cuál es la sílaba atona y tónica.

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El club de las palabras perdidas: Musa y membrar

¿Os apetece meteros a bucear por el diccionario y explorar su zona más profunda? Hagámoslo y rescatemos del olvido un par de palabras postergadas por la falta de uso. Rescatemos musa y membrar en nuestro Club de las palabras perdidas  Hermosas, ¿verdad? Pues vamos a ver qué significan estas preciosas palabras. Sigue leyendo «El club de las palabras perdidas: Musa y membrar»

Los olores y la inspiración

Los olores son poderosos. Mucho. Pueden, sin dificultad, hacernos sentir bien o mal; hacer que otros sentidos de nuestro organismo se activen e incluso transportarnos a lugares que ni imaginábamos. Ese poder, esa fuerza es lo que también los hace, en cierto modo,  mágicos porque son capaces de inspirarnos y ayudarnos a encontrar musas que harán de nuestros textos un lugar mejor en el que el lector estará encantado de perderse.

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Sombreado

Desde que abandonó México, cada día pintaba su sombra en la pared con una pequeña tiza blanca que se había traído de allí. Le gustaba observar cómo el negro se invertía y el blanco inundaba su oscuridad. Cuando se cansaba del color cano de la tiza, se movía y su sombra crecía de nuevo. Era como germinar; como existir.

Y pintó y perfeccionó tanto ese especial trazo que una buena mañana, al desplazar su sombra, esta no se movió. No floreció. Se quedó clavada en la pared solo a merced de los nuevos movimientos, torpes aún, de la figura blancuzca que brotaba del muro y le saludaba con curiosidad.

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