La autoedición como salvación

El otro día me preguntaron cuáles eran las ventajas de la publicación mediante plataformas de autoedición literaria (tipo Amazon) para un joven escritor. Al principio no supe qué responder pues por todos es sabido que defender la autoedición suele traer consigo discusiones sobre la calidad de las obras, su corrección o estilo, pero al final opte por decir lo que pienso con sinceridad.

SalvaciónCreo que la autoedición está sirviendo de salvación a muchos escritores, jóvenes y no tan jóvenes, que de otro modo, debido a las circunstancias del mercado editorial y sus normas, no existirían. Serían invisibles y sus obras nunca verían la luz.

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La voz de la ventana

Tras la ventana no cesa de llover. El viento frío es tan fuerte que rasga los labios e irrita los ojos. Tras la ventana se esconde una voz cascada por el tabaco y los años que recita al espejo poemas de juventud. Es Lola, una mujer enjaulada en sus recuerdos. Con cada verso que resuena en la habitación, su corazón se hace un poco más viejo.

Mientras se habla a sí misma a través del espejo, de vez en cuando, mira de reojo la ventana y observa el lento caminar de las horas. Contempla el transcurso manso de los días y ve el tranquilo pasar de los años.

Cada día, en esa habitación, se da cuenta de cómo todo a su alrededor comienza y finaliza del mismo modo. Incluida su vida.

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El booktrailer y su importancia

Film1Tras este periodo vacacional de Navidad, vuelvo a la carga y he decidido hacerlo con una de las herramientas que más triunfa entre los escritores. Se trata del booktrailer. Es importante saber qué es y para qué sirve.

Cierto es que no es un instrumento nuevo y que ya lleva tiempo haciéndose, pero es en estos últimos años cuando más fuerza ha cogido siendo casi indispensable a la hora de lanzar una nueva obra literaria al mercado.

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Spammer

silueta1Hace tiempo, en un país no muy lejano, vivía un joven escritor que tras muchas horas y horas de esfuerzo, lágrimas, lucha, malos sueños y mucho trabajo, por fin, un día nevado de diciembre, terminó una estupenda novela que tituló La habitación de abajo.

Con la obra terminada, corregida y mil veces leída, confiando en su suerte y sobre todo en su buen hacer pues sabía que su novela era buena, decidió mandarla a algunas editoriales. Hizo las copias oportunas, las encuadernó y, junto con una carta de presentación, mandó su manuscrito llenando los sobres también de ilusión y ganas de darse a conocer.

En su casa, ocupándose de otros asuntos, trabajando en nuevos y viejos manuscritos, esperó. Esperó durante meses hasta que un día, allá por el mes de marzo del año siguiente, le llegó una carta en la que se le comunicaba que una de las editoriales estaba interesada en su obra.

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