La memoria de lo no vivido

Ahora que se acerca el final de año, tendemos a hacer balance de todo lo bueno y malo que nos ha pasado; de lo vivido y lo perdido. También, cómo no, está en nuestra naturaleza, de todo lo que pudo haber sido y no fue. De esos trenes que no cogimos y de esas habitaciones de hotel a las que decidimos no ir. Esa mirada que se perdió entre la muchedumbre o aquel roce que dejamos pasar.

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¿Dónde os gustaría perderos?

¿Dónde os gustaría perderos?

Tengo muchos lugares en mente, de todo tipo. Reales e imaginarios porque en los de ficción, de vez en cuando, también está bien perderse. Por ejemplo, últimamente pienso mucho en Shangri-La. ¿Qué tal se estaría allí ahora? O en Manderley. A la mansión viajaría para ser un fantasma que pudiera espiar los movimientos de todos los habitantes de la casa, hasta de aquellos que ya no están. Aunque a este lugar viajo por culpa de La isla de las musas, que me lleva mucho a lugares así.

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La lluvia y yo

En todas mis novelas, la lluvia está presente, sobre todo en las dos últimas. ¿Sabéis por qué? Porque tengo un recuerdo muy especial relacionado con ella que me acompaña siempre que escribo.

En invierno, cuando estudiaba en la universidad y regresaba de noche, me bajaba del autobús y el aire frío y la lluvia me golpeaban la cara. Esa sensación me decía que ya estaba en casa. Cuando escribo el tiempo que va a hacer en mis novelas, intento plasmar ese recuerdo en las páginas. Me gusta que algunos de mis personajes sientan esa emoción.

Adictos al odio

Odio: antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea.

Ahora, tras leer la definición de odio que da la RAE, me gustaría pediros que echéis un vistazo a vuestras redes sociales (Facebook, Twitter, etc.) y a los comentarios de usuarios en los distintos medios de comunicación o en las plataformas de ventas. ¿Qué veis? ¿Qué es lo que se respira?

Yo veo una sociedad adicta al exceso y, también, adicta al odio. Leo irreflexión, resentimiento y desprecio. Eso es lo que veo, leo y siento.

Da igual el tema del que se trate, la fotografía que se cuelgue o la opinión primera que se exponga, el resultado, muchas veces, demasiadas, es el mismo. Un millón de comentarios dañinos que rezuman resentimiento hacia no se sabe muy bien qué o quién. Veo una sociedad hastiada de sí misma y aburrida que busca la aprobación de otros y que daña, sin miramientos, acostumbrada al insulto y el argumento fácil, a todo aquel que piense diferente.

Odio. Es una palabra compleja que no se puede usar a la ligera, lo sé, pero la siento, la leo y la veo reflejada en muchas afirmaciones de usuarios que toman al que piensa diferente como enemigo. Hacen del espacio virtual su campo de batalla donde luchan a vida o muerte porque su opinión, comentario, juicio y veredicto sea el predominante y el que todos alaben. Sigue leyendo «Adictos al odio»