La compradora de almas

—Buenas tardes. Me llamo Cristina Rojo y soy asesora de “Comparte tu Alma”. —Lo dijo de carrerilla. Llevaba muchos años repitiéndolo—. Llamaba por si pudiera estar interesada en la posible venta de su alma.

—Yo… —dudó su interlocutora—. El alma es algo muy serio y yo no quiero venderla.

—Lo comprendo. Sé que es difícil desprenderse del alma, pero quizá tiene algún sueño que cumplir.

Siempre había un sueño. Siempre.

—No necesito nada y no voy a vender mi alma —y, de la misma, colgó.

Cristina suspiró y la tachó de la lista. Llevaba cinco rechazos esa tarde. Las almas ya no se vendían como antes. Los buenos tiempos se habían desvanecido. Tenía que completar un mínimo mensual o, de lo contrario, adiós al trabajo. Le faltaba una para cumplir el objetivo. Solo una. Dejo la lista y el teléfono, y salió de la oficina a fumar un cigarro.

Frente a la puerta principal, observó a sus compañeros a través del cristal. Todos parecían felices y contentos. Bromeaban y hacían firmar ventas de almas a personas que, de seguro, no lo necesitaban. ¿Vender el alma por un coche o unas vacaciones? ¿En verdad era necesario cumplir esos deseos? ¿Cuánto, de verdad, vale el alma?

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Tres años de blog

Ayer se cumplieron tres años desde que El jardín del sur vio la luz. Nació con una sencilla entrada en la que me presentaba y os explicaba el objetivo de este espacial portal cultural. Desde entonces ha llovido mucho, y en este tiempo he publicado más de 235 entradas que tratan de muy diversos temas (lecturas, escritura, publicar, fotografía, televisión, ortografía, palabras olvidadas, etc.) y que entre todos se han compartido más de 4.000 veces. Igual que las críticas literarias, donde hemos hablado de 90 libros de todas las clases. Hemos caminado por distintas historias y nos hemos perdido por Italia, Inglaterra, Estados Unidos, Suecia, Finlandia, España, Francia… Hemos viajado mucho, ¿verdad?

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Nueva sección de relatos

Relatos Desde hace unos meses, en el blog también comparto con vosotros algunos relatos que voy escribiendo. Es otra forma de conocernos mejor.

De momento no son muchos pero, poco a poco, irán creciendo. Y por eso, para que no os perdáis ninguno y podáis acceder a ellos de una forma más rápida y sencilla, desde hoy habrá una nueva sección en El jardín del sur dedicada en exclusiva a esos relatos.

Y como soy tan original poniendo nombre a los distintos apartados del blog, he llamado a la sección Relatos. Lo dicho. Muy original por mi parte.

Espero que os guste y que se convierta en una de vuestras secciones favoritas.

Acceder a Relatos.

Mármara

El siguiente relato está dedicado a los que luchan por cambiar las cosas y no se dan por vencidos.

En un mundo abrigado por leyendas y fábulas, existía una montaña de tres picos en la cual se ocultaba un ente divino. En lo más alto de una vieja torre, en el segundo pico, vivía ELLA. Nadie jamás la había visto y no se sabía cómo eran sus manos, su cuerpo o su rostro. Pocos habían osado subir la montaña para visitarla y, de ellos, ninguno había regresado.

Hacía mucho tiempo que no salía de su torre y de ahí que cuentos y fábulas hablaran de ella e imaginaran su pasado, presente y futuro. No se conocía a ciencia cierta el motivo de su encierro, pero decían las malas lenguas que era por amor. Otros, alentados por los hombres que subían la montaña y nunca volvían, afirmaban que era por su belleza, tan grandiosa que ningún ser humano podía soportarla. Y los había, temerosos y pávidos, que pensaban que era un castigo por algún acto impuro que cometió en el pasado. ¡Qué equivocados estaban todos!

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El contrato

Ahora que tengo próximo tu aliento, no sé si debo acercarme más. Quizá corresponda, pero mi condición me lo impide. No está bien que nos relacionemos.

¿Por qué? Tú lo sabes bien. No deberíamos ni hablar.

No juegues conmigo. No llores. No derrames ni una sola lágrima más, pues no conseguirás convencerme. Solo enloquecerme.

Haces que mi conciencia, de la que carezco, aparente real cuando no lo es. ¿Acaso no ves que por mucho que supliques no está en mi naturaleza sentir compasión? Yo no sé qué es la compasión. Tampoco la misericordia. No me implores porque no te servirá de nada.

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