La gran importancia de la investigación cuando se escribe

Todos lo que nos dedicamos a la difícil tarea de contar una historia, sabemos lo importante que es la investigación mientras se escribe. Dependiendo del tipo de literatura que cada uno practique, esa investigación puede ser más o menos profunda, pero siempre necesaria.

Los periodistas cuando escribimos, solemos utilizar fuentes. Las hay de muchos tipos: bibliográficas, personales, fotográficas, etc. y, en este sentido, un escritor (salvando las distancias evidentes) debe parecerse a un periodista, ya que también debe usar fuentes y documentarse.

Hay veces en las que la propia experiencia es más que suficiente para poder contar una historia. En cambio, hay otras ocasiones en las que hay que informarse externamente si no queremos equivocarnos e incluso que lo que estamos narrando se vaya al garete por fallos e incongruencias que el lector puede detectar. Sería una pena que después de todo el esfuerzo que hemos puesto en escribir una gran historia, esta se estropee por culpa del miedo a preguntar.

Podéis informaros en bibliotecas, hemerotecas, Internet, etc., pero quiero hacer hincapié en que os comuniquéis con otros. Que habléis y preguntéis a expertos. No hay que tener miedo a preguntar. Nunca. El no ya lo tenéis. No perdéis nada por intentarlo.

Uno no debe saber de todo. Yo, por ejemplo, no soy policía y, por lo tanto, a pesar de que pueda tener nociones básicas al respecto, no tengo porque saber cómo funciona una comisaría por dentro, el orden de los mandos, el protocolo de una investigación, etc. Por eso, pregunto. Cuando escribí mi primera novela, Bendita palabra, lo hice. Es una novela negra de suspense e intriga, una novela policíaca, y debía estar segura de que lo que plasmaba en el papel, aun siendo ficción, se acercaba a la realidad y, por eso, no tuve miedo a preguntar.

Puede ser que os encontréis con personas reacias a contestaros, pero serán las menos. En general, serán amables con vosotros y responderán a vuestras preguntas. He consultado a médicos, policías, otros periodistas, fotógrafos o profesores y, en cada ocasión, me han atendido bien. Me han contestado encantados y me han tratado estupendamente.

Los más noveles en este mundo de las letras pensaréis que lo de tener fuentes y preguntar no va con vosotros; que está reservado a escritores con un cierto nombre, ya que al ser vosotros desconocidos, no os harán caso, pero pensar así es un error. Quizá, precisamente, por estar empezando, la ayuda que recibiréis sea mayor.

¿Y a quién pregunto? Pues la respuesta es sencilla. Más de lo que creéis. Mirad a vuestro alrededor y os daréis cuenta de que estáis rodeados de fuentes. Una comisaría, un cuartel, un ambulatorio o consultorio médico, una iglesia, un bufete de abogados cercano, un periódico, una residencia de ancianos, una farmacia, una galería de arte, un cementerio, etc. Dependiendo de lo que queráis saber, las posibilidades son infinitas. Lo que importa es que vosotros queráis preguntar. Y si, por casualidad, os encontráis con alguien que no quiere colaborar, no pasa nada. Id a otra fuente. Buscad otra persona y seguid investigando y documentándoos porque eso, al final, se nota y puede marcar la diferencia entre una novela más y una buena novela.


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