Toda acción conlleva una reacción

Seguro que más de una vez habéis escuchado o leído esta frase, toda acción conlleva una reacción, y es que es muy importante para un escritor porque, a la hora de contar una historia, debe estar siempre presente. Puede marcar la diferencia entre un texto coherente y un desastre.

Hay que pensar que cuando se escribe, da igual el género, como en la vida, toda acción explicada o llevada a cabo en la historia tiene que acarrear, sí o sí, una reacción. No tiene que ser inmediata o seguida, pero debe haberla. Incluso la no acción es una reacción. Algo tan simple como que llueva o haga sol influye en el desarrollo de la narración y marca las reacciones de los personajes. Se mojan, llevan paraguas, se dan crema para el sol, lo evitan, sudan…

De igual modo, una acción de los protagonistas, principales o secundarios, buenos o malos, pequeños o grandes, eso da igual, también tiene que tener su reacción. Si un personaje dispara, tendrá consecuencias. Si otro llora, también. Eso hará la historia más creíble, dinámica y con vida. Lo que no tiene sentido es que las cosas ocurran porque sí, sin explicación aparente, sin una acción previa, aunque sea muy pasada.

A modo de ejemplo, podemos imaginar que a un policía, protagonista de una de nuestras historias, le dispara a un delincuente al que persigue. Eso tiene que tener una reacción por su parte. Puede responder al disparo o resultar herido. La persecución, en cualquier caso, cambiará. Se puede volver más salvaje o, por el contrario, cesar. Todas las opciones son válidas, pero lo que no puede ocurrir es que tras el disparo, todo siga exactamente igual.

Las reacciones pueden ser externas, como el ejemplo del disparo, o internas. A un personaje le abandona su amante y siente pena, alivio o lástima, y tras el abandono, quiere suicidarse o vivir a sin freno. Hay miles de opciones. Lo que no es verosímil es que se quede tal cual.

Un protagonista puede gozar de momentos de iluminación y, por tal motivo, algunas ideas se le ocurren sin más, tipo oráculo. Tal vez, pero no hay que abusar de la inspiración divina y la sabiduría innata que podemos proyectar en nuestros personajes. Si lo hacemos, corremos el riesgo de convertir la novela en un acto de fe. Fe en lo que decimos que ocurre porque nosotros lo decimos y porque nuestro personaje es listísimo. Los personajes demasiado listos e iluminados que resuelven crímenes sin demasiado esfuerzo, dejando al lector con la sensación de que se ha perdido por el camino, exasperan.

Por todo lo dicho, debemos tener siempre presente la consigna de que cualquier acción, por pequeña que esta sea, conlleva una reacción. No hay que olvidarlo. Sería algo así como en el periodismo (las cinco W y una H) cuando los artículos deben dar respuesta al quién, qué, dónde, cuándo, por qué y cómo. Si falta algo de todo eso, el artículo queda cojo. Con las novelas pasa igual. Si un personaje se dedica a deambular por las páginas haciendo y deshaciendo a su antojo sin una explicación previa o posterior, sin reacción alguna a lo que ocurre a su alrededor, la novela está coja.


2 respuestas a “Toda acción conlleva una reacción

  1. Sin duda es vital, dar esos acordes de realidad y las reacciones son indispensables para lograr que sea creible. Nada es casual, aunque a veces el o los protagonistas nos traen de cabeza y rompen esa «imagen» con la que nació. Excelente post. Saludos!!

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    1. Hola Kike:
      Me alegro de que te haya gustado el post. Y aunque a veces dejemos cierto libre albedrío a nuestros personajes y les permitamos ser un poco listillos, no debemos olvidar,como bien dices, esa «imagen» con la que nacieron.
      Saludos.

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