23 de abril: Día del libro

El próximo sábado, 23 de abril, se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor. Se eligió ese día en concreto por ser en el que coinciden los aniversarios de la muerte de Cervantes y Shakespeare (en este caso, según el calendario juliano) en 1616. Y fue promulgado por la UNESCO en 1995.

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Errores clásicos al terminar de escribir nuestro libro

Seas un escritor independiente o no, este asunto te interesa porque es algo que nos atañe a todos —incluso a los más vendidos, os lo aseguro—, y en el que tendemos a equivocarnos con frecuencia. Y no por desconocimiento, sino, en la mayoría de las ocasiones, porque nos pueden las prisas. Estas son, sin duda, la peor compañía cuando terminamos de escribir un texto, sea este de la clase que sea.

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¿Cuántos ejemplares tiene una edición?

Seguro que en más de una ocasión os habéis hecho esta pregunta, ¿cuántos ejemplares tiene una edición?, y la respuesta, me temo, es un misterio. Una edición puede abarcar tantos ejemplares como el grupo editor quiera. Es decir, desde 1 hasta un número indeterminado. Esto depende del tipo de editorial, del autor, del tipo de novela o del momento coyuntural del mercado, entre otros factores.

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Una editorial me ha contactado, ¿y ahora qué?

Tengo editorial, ¿y ahora qué? Ahora, muy al contrario de lo que se tiende a creer, hay que seguir trabajando muy duro porque puede no ser para siempre. Hay que continuar creando buenas historias sin olvidar, por supuesto, las anteriores. Y todas ellas requieren de tu tiempo y esfuerzo para que el público las conozca. Hoy, de la mano de una editorial, el trabajo que publique con ellos llegará a un mayor público, pero tengo que seguir, como os digo, paso a paso y sin descanso, trabajando duro sin olvidar, además, de dónde vengo o cuáles pueden ser mis futuros caminos. Esto último puede parecer una bobada, pero os aseguro que es muy importante. No hay que renegar de lo hecho (bueno, malo o regular) ni de lo que en el futuro puedas hacer (incluido volver a ser un escritor independiente) porque es, al fin y al cabo, lo que te ha ayudado a ser quien eres hoy y a llegar hasta donde has llegado.

El trabajo será diferente. Habrá tareas, por fin, que ya no tendré que hacer, no al menos como hasta ahora, lo que reconozco que me alivia mucho. Me refiero a las de maquetación del libro (digital y papel) y, espero, el diseño de la portada. Labores que son un auténtico engorro. Los que alguna vez las habéis hecho, me entenderéis. Una verdadera pesadez en la que, además, es muy fácil confundirse o meter la pata.

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Ventajas y desventajas de ser un escritor independiente

Como en todas las profesiones, la de escritor no iba a ser una excepción, ni todo es tan bonito ni tampoco tan feo. Ser un escritor independiente o indie, como ahora se denomina a los escritores que están fuera del circuito editorial tradicional, tiene una serie de ventajas ‒algunas muy buenas, hay que reconocer‒, y también una serie de inconvenientes. Por eso me parece acertado hacer una pequeña lista al respecto. Seguro que no están ni mucho menos todas, pero me parece suficiente por ahora. Más adelante ya veremos más ventajas y desventajas. Hoy hablaremos de las que a mí me parecen más importantes.

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La autopublicación oculta

Yo autopublico. Ya lo sabéis. No me da vergüenza decirlo. Soy de las que creen que una novela no es nada sin lectores y, por eso, si no encuentro una editorial adecuada para mis obras o no quiero, por los motivos que sean, publicar determinados libros con una, lo hago a través de la plataforma Amazon. No hay problema. Bendito invento.

Sin embargo hay escritores a los que sí les da sonrojo, y mucho, admitir o decir oficialmente que se autopublican y, por lo tanto, lo ocultan. Lo hacen gracias a editoriales que por una cantidad de dinero (en este caso no es gratis como en Amazon), publican sus obras de forma que en el apartado edición aparece una empresa y no la tan temida palabra “autopublicación”.

No es que no se pueda averiguar que se trata de una autopublicación ‒no es un secreto de estado‒, solo hay que entrar en las páginas oficiales de esas empresas y echar un vistazo a sus políticas, pero ¿creéis que los lectores entran en ellas? No, ¿verdad? Y ahí es donde veo cierto engaño. Sigue leyendo «La autopublicación oculta»

Agentes literarios y propuestas de edición

Llevo toda la semana dándole vueltas a esta entrada. Había pensado hacer una en la que explicar algo nuevo sobre las propuestas editoriales, los agentes literarios, las cartas de presentación, etc., pero en cuanto me ponía delante del ordenador, me bloqueaba. ¿Por qué ? Creo que por una razón tan sencilla como, en el fondo, un poco triste. Sirve lo que sirve y en estos tiempos que nos han tocado vivir en el mundo de las letras, es más bien poco.

No quiero ser derrotista ‒sigo mandando cartas de presentación y propuestas editoriales con la mayor de las ilusiones y la mejor sonrisa‒, pero lo cierto es que este tipo de comunicación tanto para conseguir una editorial como para conseguir un agente literario, cada vez se utiliza menos.

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De regreso

Las vacaciones tocan a su fin y es hora de ponerse manos a la obra. ¿Tenéis ganas? ¿Os apetece? Yo os invito a acompañarme por los muchos y singulares senderos que tiene este nuestro jardín del sur.

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En esta nueva temporada podremos pasear entre libros, fotografías, letras y curiosidades. Hablaremos del registro de la propiedad intelectual, del olvido al que es sometida la historia literaria que albergan ciertas ciudades por el peso del turismo excesivo o de los fallos ortográficos repetidos que acaban siendo norma, entre otras muchas cosas. Sigue leyendo «De regreso»

Autoedición en música, cine y literatura

La autoedición, a pesar de lo que muchos puedan pensar, no es un término asociado únicamente a la literatura. La música y el cine también tienen relación con él. La diferencia entre esa asociación radica en el modo en el que se valora.

A lo largo de los años han sido muchos los músicos que, bien huyendo de la servidumbre a las grandes discográficas o bien porque no han llegado a un acuerdo con estas, han decidido ser ellos mismos los que se editaban sus discos. Ejemplos tenemos muchos, pero os pondré uno que es muy gráfico. Roberto Iniesta, cantante de Extremoduro, cuando el grupo quiso sacar su primer disco en 1989, fue casa por casa (sí, habéis leído bien, casa por casa), en busca de financiación para sacarlo adelante. Fue pidiendo dinero a cambio de una copia que, cuando el disco viera la luz, sería enviada a cada uno de los donantes. Y así lo consiguió.

En el cine pasa algo parecido en el inicio de muchos de los cineastas que hoy son un mito. ¿Cuántas veces hemos oído hablar de directores que empezaron con pequeños cortos sufragados por su propio dinero o con la ayuda de familiares y amigos? Innumerables. Lo que pasa es que no nos enteramos de esos difíciles inicios hasta que ya son directores consagrados y pensamos que el camino les ha sido fácil. No es así. Muchos tuvieron que apostar por ser ellos mismos los que se producían sus películas.

Eso que muchas veces llamamos cine independiente, también se autoedita. Un cine por el que las grandes compañías cinematográficas no apuestan y que debe buscar su financiación en otro sitio. ¿Y qué pasa con este tipo de cine? Nada. Nos gusta y hablamos de él, quizá, con más admiración que de las grandes producciones.

Cine y música, y ahora llegamos a la literatura. Aquí el asunto cambia de forma radical.

Cuando un escritor no llega a un acuerdo con las editoriales o no consigue que se fijen en su obra, se plantea la posibilidad de la autoedición, más fácil en los últimos tiempos gracias a la aparición de distintas plataformas como Amazon. El escritor autoedita el libro y, a diferencia de lo que pasa con músicos y cineastas, parte del público y de la crítica, y gran parte del sector literario no lo alabarán, sino que lo considerarán de segunda o tercera. Y no porque su obra sea mala, sino porque hay quien opta directamente, sin darle ninguna oportunidad, por no leer esta literatura. Piensan que, al no haber pasado por los criterios tradicionales de corrección, maquetación, etc., de las editoriales, la calidad será menor o incluso, en algunos casos, nula. «No hay criba previa», dicen, o «cualquiera publica hoy en día un libro», y admito que de todo hay, cierto, pero primero hay que escribir el libro y eso es algo que parece que se olvida. Escribir, amigos míos, doy fe de ello, no es tarea fácil. Ni fácil ni agradecida.

(Aquí, antes de continuar, se debería hacer un aparte sobre los tipos de autopublicación porque estos prejuicios de los que os hablo no se dan en todos los casos. Os recomiendo leer La autopublicación oculta)

He leído malas novelas autoeditadas, pero también las he leído igual de malas siendo estas publicadas por editoriales tradicionales. Por lo tanto, uno se pregunta por esa doble vara de medir. En la música y en el cine sí, pero en la literatura, no. Jamás. Es difícil de entender. Yo, al menos, no lo entiendo.

Y que quede claro, diáfano, que con esta entrada no estoy haciendo boicot o algo similar a las grandes discográficas, productoras o editoriales. Ni mucho menos. Lo único que quiero con esta reflexión es que seamos justos y capaces de valorar las cosas como se merecen.

3 errores al mandar un manuscrito a una editorial

Hoy vamos a hacer un repaso a esos errores que todos hemos cometido alguna vez, sobre todo al principio, al mandar nuestros manuscritos a las editoriales. Algunos pueden parecer bobadas, pero en un sector cargado de noveles intentando abrirse paso, cuentan y mucho. Por eso, debemos evitarlos. Además, no es difícil hacerlo. Se trata sólo de paciencia y atención. Vamos allá. Sigue leyendo «3 errores al mandar un manuscrito a una editorial»