El lápiz y la goma de borrar

Esta es la historia de un lápiz y una goma de borrar que amaban el papel y las palabras. Tanto, que no les importaba acompañarlas durante horas. Mas, un buen día, su dueño se cansó de ellos y decidió que no eran dignos compañeros de sus escritos. Los relegó dentro de un triste bote de lápices.

Una noche, sin permiso y aprovechando la oscuridad que da el sueño, salieron del bote y anduvieron por aquí y por allí, entre frases, párrafos y expresiones. Amaron el papel y lo garabatearon. Borraron algunas de sus palabras y colocaron otras en su lugar. Luego, satisfechos, volvieron al bote donde sus compañeros les aguardaban.

Al día siguiente, el hombre que los había olvidado descubrió asombrado que el lápiz y la goma de borrar habían hecho une excelente trabajo con su obra. Fue al bote de los lapiceros, los cogió y los dejó cerca de sus papeles, pues se percató de cuánta falta le hacían, y nunca más los apartó de su lado.

Con esta pequeña historia os quiero hacer partícipes de la importancia del lápiz y la goma de borrar para cualquier escritor. Son fundamentales y deben estar muy presentes en la elaboración de cualquier texto. Son herramientas indispensables.

Cuando escribimos, en muchas ocasiones, nos dejamos llevar por una especie de huracán creativo que nos hace redactar sin parar y sin detenernos a leer lo que estamos componiendo. Eso está bien, pues significa que estamos en racha. La musa está espléndida. Pero hay que ser realistas. No todo lo que sale de nuestros dedos, por mucha inspiración que nos acompañe, es bueno o se merece seguir adelante. Por eso, tened siempre a mano un lápiz y una goma de borrar. Que no os de miedo deshacer lo hecho y volver a empezar. Tachar, cambiar y eliminar es algo bueno. Os ayudará.

De papeles emborronados y tachados han salido verdaderas obras de arte. Los grandes también utilizaban y utilizan el lápiz para repasar lo escrito, y la goma para borrar todo aquello que sobra. Podéis encontrar muchos ejemplos por la red.

Primera página del manuscrito, en el que García Márquez cambió el título de su puño y letra. CHRISTIE'S /ABC
Primera página del manuscrito «En este pueblo no hay ladrones», en el que García Márquez cambió el título de su puño y letra. CHRISTIE’S /ABC

Es muy importante ser crítico con uno mismo y saber identificar lo que sobra o lo que falta en nuestros textos. Eso dará calidad a nuestra obra. Sé que es pesado y que puede resultar desesperante leer y releer lo mismo una y otra vez, pero hay que hacerlo porque, ante todo, nos debemos a nuestros lectores que esperan de nosotros no solo una historia para divertirse y pasar el rato, sino también una historia bien contada.

Cada uno tenemos un estilo y usar el lápiz y la goma no significa borrar ese estilo. Se trata de pulirlo para mejorar. ¿Cómo aprender a usarlos de la mejor forma posible? Sólo hay una respuesta: practicando.


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